MARIO RUSMANDO
Especialista en vinos
“Si bien en primavera los viñedos necesitan agua para florecer y brotar, más adelante requieren de un clima más bien seco para que se forme purina, esa cera que se genera sobre las uvas y que les aporta levaduras. Si llueve un par de días antes de la cosecha, cosa que está pasando cada vez más, ese microclima del viñedo se lava y hay que esperar a que vuelva a formarse, con el riesgo de que madure de más.
El acortamiento de la fase de sequía por la presencia de lluvias afecta de manera directa la calidad de la cosecha, porque además de lavar el microclima, hidrata las uvas, lo que hace que tenga menos personalidad. De hecho, en los años muy lluviosos algunas bodegas eligen no producir sus vinos íconos para no bajarles la calidad”.
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