La intención de los padres de ir a limpiar las escuelas de sus hijos para que puedan tener clases es algo que debería llamar la atención del Gobierno. Expresa una mezcla de preocupación, hartazgo, impotencia y, a la vez, vocación por hacer algo ante la continuidad de un paro de auxiliares docentes que ha derivado en el cierre de escuelas por falta de higiene edilicia.
Quizá, esto mismo que intentan hacer los padres podría haberlo hecho el Estado. Quizá se podrían haber convocado voluntarios; quizá podrían haberlo hecho funcionarios de Educación; quizá se podría haber movilizado a personal de otras dependencias. En definitiva, quizá se podría haber buscado alguna alternativa frente al cierre de colegios que lleva ya varios días.
No hace falta remarcar que la educación es un servicio público esencial y que el derecho de los alumnos no debería ser ignorado. Así como los sindicatos tienen derecho a huelga, el Estado tiene la obligación de garantizar la prestación de servicios esenciales. Para eso -y en este caso- hace falta limpiar algunas escuelas. Los padres están dispuestos a hacerlo.
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