El presidente de la Conferencia Episcopal Argentina, monseñor José María Arancedo, afirmó que la pobreza, el narcotráfico, la corrupción y los enfrentamientos sociales “aíslan y dividen”, y alertó sobre un “crecimiento irresponsable del juego”.
El prelado santafesino aseguró que la Pascua no sólo hay que celebrarla, sino que requiera compromiso y contemplar “esa otra realidad dolorosa signada por el pecado, que nos rodea y desafía”.
“Es la realidad de la pobreza, el crimen del narcotráfico, la corrupción y los enfrentamientos, que nos aíslan y dividen comprometiendo la amistad social”, sostuvo.
“El crecimiento irresponsable del juego que se vale de las ilusiones de la gente, que debilita la cultura del trabajo y compromete el bienestar de la familia”, agregó en su mensaje pascual.
Arancedo advirtió que estos “son signos de una sociedad frágil en la que las víctimas son siempre los más débiles y necesitados”.
MENSAJE PARA LOS DIRIGENTES
El arzobispo precisó que dirigía su mensaje “a la clase dirigente que tiene una mayor responsabilidad, especialmente a quienes ejercen funciones en los poderes del Estado ordenados al servicio del bien común”.
Para Arancedo, “la crisis argentina es principalmente una crisis moral, que se expresa en conductas que se han desvinculado de la exigencia moral de los valores. La conciencia como regla suprema que distingue el bien del mal se ha adormecido, la hemos adormecido”.
“El dinero, el poder y el éxito a cualquier precio, han ocupado un lugar indebido en la escala de los valores personales y sociales. Ellos han desplazado a la verdad, al bien y a la justicia, expresión de la presencia de Dios en el cuidado de la dignidad de la persona”, aseveró.
Por su parte, el obispo de Humahuaca, monseñor Pedro Olmedo, dijo que el papa Francisco dio “un ejemplo grande” al realizar el lavatorio de los pies a refugiados de distintas religiones y destacó el mensaje del pontífice para enfrentar esta “realidad tan cruda” del mundo.
Atribuyó esta situación de los refugiados a la “globalización de la indiferencia” que denuncia el Papa y lamentó que las autoridades mundiales “no hagan mucho caso” a las exhortaciones y a esos gestos del pontífice que “hablan más que mil palabras”.
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