Por EDUARDO TUCCI Opinion
Quedaron cosas buenas y de las otras en el primer desafío del año que afrontó el equipo del Tata Martino en un escenario que no resulta fácil para nadie. Entre las primeras debe destacarse que la Selección jugó como se le reclamaba, con mucha garra, corazón y gran entrega a lo que se sumó como factor decisivo la aparición en los momentos justos de Lío Messi.
La parálisis argentina en todas las líneas, que marcó un arranque adverso, quedó en la columna del debe y será uno de los temas a abordar por el DT para afrontar lo que viene.
La aparición de la Pulga después de varios meses sin vestirse de celeste y blanco por la lesión que lo mantuvo lejos de las canchas, ayudó mucho para que Argentina asomara la cabeza después de la amnesia de los pasajes iniciales.
Poco a poco, Messi y los suyos pudieron sobreponerse al cachetazo de Felipe Gutiérrez que los había dejado en desventaja en el tanteador y a merced de los fantasmas que vienen persiguiendo a este equipo desde el inicio de las Eliminatorias.
Con Messi jugando a lo Messi Argentina logró salir del pozo. Sus explosivas mandadas en línea recta al arco rival, guapeando frente a una marca rigurosa y mandando un par de pases de gol que Di María y Agüero lamentablemente desperdiciaron le fueron cambiando la cara a un partido complicado.
En definitiva quedo para la Selección lo que tanto le estaba haciendo falta: tranquilidad en las estadísticas y algo de respiro en el juego.
Y si bien es cierto que quedaron muchos aspectos por mejorar -la generación de juego no siempre resultó prolija- le sobró reacción para sumar un triunfo tan valioso como el que había sumado en Barranquilla sobre Colombia.
BAJONES QUE PREOCUPARON
Asustaron los bajones del equipo argentino en algunos momentos del partido. Ya en el arranque nuestra Selección fue un espectador más y lo pagó con la desventaja en el tanteador. Después bastaron 13 minutos para que la Argentina cambiara el gesto adusto por una sonrisa.
Chile pasó de sentirse el dueño de la situación a quedar un gol abajo y sin dos de sus titulares por sendas lesiones. Para los nuestros la aparición en escena de Messi significó la inyección necesaria para poder recomponerse después del tembladeral de los primeros instantes.
La victoria nos dejó mejor parados en los números en una competencia que no se había presentado bien para la escuadra de Martino.
Está claro que las Eliminatorias son largas pero tampoco es cuestión de estar jugando con fuego y esa era la impresión que habían dejado algunas de las actuaciones de nuestro equipo.
LOGRO DERROTAR LOS FANTASMAS
Quedaron como datos relevantes del partido del jueves a la noche la rebeldía del equipo para derrotar los fantasmas que aparecieron de entrada y la entrega del grupo para defender la ventaja.
En el complemento, Argentina metió el partido en el freezer con mucha tenencia de la pelota en campo contrario matizada con alguna estocada que intentaron Agüero y Di María fundamentalmente.
Respondió bien defensivamente la Argentina -con Funes Mori en un muy buen nivel-, pese a algunos sofocones que debió soportar cuando los de Pizzi intentaron la heroica para arañar el empate.
En cuanto a actuaciones puntuales que en la previa habían despertado expectativas, estuvo activo Higuaín cuando fue llamado a ingresar e incluso casi eleva a tres la cuenta después de guapear frene a toda la defensa rival en una jugada que terminó en córner, mientras que Lavezzi quedó el deuda y para colmo sumó una amarilla que le impedirá estar en Córdoba.
La Argentina ha pasado una gran prueba de fuego contra el último campeón de América, dio vuelta el partido después de un comienzo adverso, puso lo que había que poner en los tramos decisivos, volvió a sumar de a tres y recuperó al mejor de todos. Saldó sus necesidades en el resultado aunque dejó aspectos para corregir como la discontinua generación de juego. Viene Bolivia, habrá menos tensión en la previa aunque estará latente la obligación de cerrar una doble serie perfecta.
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