Ada lleva una remera con la frase “Nunca más” escrita con letras desparejas, y si bien nació en democracia acompaña a sus padres en la marcha de la memoria, en el 40º aniversario del golpe de Estado del ‘76, aún sin saber quiénes son aquellas abuelas que bandera en mano y cubierta de fotos cruzan la Plaza de Mayo en busca del escenario.
Mientras la militancia kirchnerista, Movimiento Evita, la JP, La Cámpora y otras organizaciones de Unidos y Organizados, se meten en el escenario emblemático para el reclamo de los derechos humanos, la pequeña se pierde en la multitud que colmó la plaza, adornada de banderas, en su mayoría celeste y blanca, y aromatizada con humo de las parrillas ancladas alrededor.
Más allá, está parado Raúl, que con los ojos vidriosos de la emoción, se atraganta con sus palabras mientras se le amontonan los recuerdos de la época trágica, de la guerra de Malvinas, de “mi hermano que se quedó allá tan lejos”.
En el cielo, el sol y las nubes juegan su propia pulseada, y el viento que viene del río tapa el escenario parado frente a la Casa Rosada, de espalda a quien gobierna y quien es el más criticado de la jornada.
En un costado, un puñado de pibes, “La Camporita” como lo definió un espectador, se juegan un picadito en la puerta del Banco Nación, también de espaldas a la Rosada, con el balcón “de Perón”, aclara el vecino, como tribuna, pero está vez vacío.
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