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El escritor que decidió subir otra vez a lo más alto de la montaña

Por MARCELO ORTALE

La nueva y sorprendente novela de Mario Vargas Llosa. Su “venganza” ante el periodismo amarillo que lo acosa por su romance con Isabel Preysler. El ataque a Fujimori. La vigencia de un autor “gerontolescente”

En estos días Mario Vargas Llosa cumple 80 años de edad y a esta altura de la vida, en la que habitualmente muchas de las expectativas –como las oscuras golondrinas- ya no volverán, el escritor peruano decidió hacerse a sí mismo el mejor regalo de cumpleaños: subir otra vez a lo más alto y áspero de la montaña literaria para crear allí, con obstinación, con la astucia de un ajedrecista, con un estilo innovador propio de un joven que busca laurearse, una novela maravillosa.

“Hace poco más de una generación ni siquiera existía la palabra adolescencia, porque los niños pasaban de aprender a leer a trabajar. Y fue una generación la que pudo romper ese esquema y crear la adolescencia. Ahora nos toca a nosotros romper ese molde y crear la palabra gerontolescencia”, dijo hace poco Alexandre Kalache, médico y especialista en longevidad, que durante catorce años fue responsable del Programa de Envejecimiento de la Organización Mundial de la Salud. Los que cargan entre 65 y 85 –la franja de los gerontolescentes, según Kalache- debieran estar agradecidos con el escritor.

Vargas Llosa, uno de los impulsores del boom de la novela latinoamericana en la década del 60 se muestra aquí como un impetuoso gerontolescente, capaz de escribir varios capítulos con escenas de alto erotismo entre dos mujeres. Muestra y demuestra que le queda hilo en el carretel. Pero esa misma vitalidad se percibe también en el estilo innovador, especialmente en los últimos capítulos, en donde primero cuesta descifrar la trenza de diálogos entre distintos grupos de personajes, hasta que el lector se acostumbra y termina leyendo con naturalidad, en forma lineal, tres escenas que transcurren cada una lejos de la otra.

Todo está fresco en torno a “Cinco esquinas”, esta suerte de mural peruano y de novela policial que viene a ser la número 18 escrita por Vargas Llosa, publicada hace sólo poco más de tres semanas -el 3 de marzo pasado- en España, en Latinoamérica y en los Estados Unidos por la editorial Alfaguara.

“Cinco esquinas” es también como una feroz caricatura política del Perú de los 90, gobernado por las manos férreas de Fujimori y de su principal operador Montesinos (“el Doctor), en el que vive una sociedad obsecuente y amenazada por la corrupción y los servicios de inteligencia. La miseria moral de la dirigencia política y empresaria, la violencia guerrillera y la extorsión del periodismo amarillista van quedando al desnudo, página tras página, en un libro que se impone de a poco y que luego conquista por completo al lector.

Los críticos coinciden en que el sarcasmo y la ironía profundas de esta obra –propios de un Quevedo- los destinó Vargas Llosa a vengarse de la prensa amarillista y chismosa que, sobre todo en España, lo tiene contra las cuerdas por su romance con Isabel Preysler, la ex del cantante Julio Iglesias.

“Siempre se pensaba –dijo en estos días Vargas Llosa- que el periodismo podría estar amenazado por el poder político, por el militar o el económico, pero nadie hubiera podido pensar que el periodismo podría estar amenazado por la frivolidad, por el periodismo irresponsable o chismográfico, que es la forma representativa de esta época”.

Dijo luego “el peligro viene desde dentro del periodismo empujado por una necesidad de un público cada vez más interesado en el entretenimiento que en la información. Se acabó esa frontera. El amarillismo y el entretenimiento han pasado a ser los valores dominantes. Y el periodismo es víctima de eso. Es uno de los grandes problemas de nuestro tiempo”.

Es posible que el periodismo amarillo haya tenido, en esta pequeña historia personal de un intelectual, el importante valor de un detonante. Pero en el libro el amarillismo periodístico se ve empalidecido por la corrupción de las estructuras que rigen a buena parte de las sociedades. Una corrupción que excede a los políticos y se anida también en los empresarios y distintos habitantes de las clases altas, a quienes la pluma del autor va señalando como actores principales de la perversión humana.

“Cinco esquinas” muestra –como en los aguafuertes de Arlt- las decadencias éticas de la sociedad limeña de los 90 y cuenta sobre la iniciativa del director de un diario amarillista, Destapes, la historia de un empresario millonario que termina chantajeado por unas fotos en las que aparece en una orgía con dos mujeres y otro hombre. La periodista que escribe esa noticia, el fotógrafo que hizo las tomas y una suerte de mendigo que recita poema se suman a la trama, que estalla cuando el diario publica finalmente las fotos. Como fondo de todo, la mano negra del poder en el Perú, representada por un jefe de Inteligencia temible y arquetípico en América latina.

LAS ESENCIAS

“Escribir novelas es un acto de rebelión contra la realidad, contra Dios, contra la creación de Dios que es la realidad. Es una tentativa de corrección, cambio o abolición de la realidad real, de su sustitución por la realidad ficticia que el novelista crea. Éste es un disidente: crea vida ilusoria, crea mundos verbales porque no acepta la vida y el mundo tal como son (o como cree que son). La raíz de su vocación es un sentimiento de insatisfacción contra la vida; cada novela es un deicidio secreto, un asesinato simbólico de la realidad”, dice Vargas Llosa. Tal declaración parece agotadora.

“Las técnicas que empleo tienen por objeto poner en movimiento, vitalizar, animar esas historias que cuento y que a mí me gustaría que se leyeran como una novela de Dumas o como se ve un buen «western». Claro que nadie leería hoy Cinco esquinas como si fuera de Dumas.

Las recónditas esencias de Vargas Llosa son como metales a descubrir en las entrañas un volcán despierto. Hay una antigua novela de Camilo José Cela –La Colmena- publicada en Buenos Aires en 1951. Ese libro tiene abundantes alusiones al sexo y también al ambiente homosexual en las cárceles, algo que se lee en este último libro del peruano. Esta obra se encuentra incluida en la lista de las 100 mejores novelas en español del siglo XX de acuerdo a un sondeo realizado por el diario español El Mundo.

Lo curioso es que parte de la estructura del libro, que incluye escenas con un número variable de secuencias de corta extensión, mezclándose episodios que ocurren en forma simultánea, tal como ocurre en los últimos capítulos de “Cinco esquinas”, rompiéndose el argumento –según decían los críticos de Cela- en multitud de pequeñas anécdotas. Pero todo ese conjunto de vidas cruzadas conforman una colmena. En el fluir estilístico del libro de Vargas Llosa reaparece esta suerte de innovación formal.

EL PODER

Al presentar el libro en España hace pocas jornadas, Vargas Llosa explicó por qué en su libro se describen tantas relaciones sexuales y lo refirió a la época política que se vivió en los 90, cuando corrían los últimos días del gobierno de Fujimori y de su hombre de confianza Vladimiro Montesinos: “Una de las transpiraciones normales de aquella época era el incentivo sexual, el sexo aparecía como libertad y goce en vista de que el resto de la vida había acabado”.

“Fujimori utilizó la prensa como arma para eliminar a sus enemigos. Los poderes han querido, siempre, tener al periodismo de su parte. En la democracia hay una diversidad que permite cotejar la información y buscar la verdad. Esa es su superioridad”, apuntó también Vargas Llosa.

En un artículo para La Nación el escritor argentino y residente en Barcelona, Matías Néspolo, había anticipado a fin de febrero pasado que “mientras tanto, el Nobel peruano ya tiene lista su revancha del largo asedio de la prensa del corazón y por el acoso de los papparazzi que, a causa de su vida sentimental, sufre desde hace meses”. Ese acoso, dijo, “lo llevó incluso a presentar una queja contra The New York Times porque habían hablado de su intimidad en la reseña de la edición inglesa de su libro La civilización del espectáculo”.

Los críticos coinciden en que el sarcasmo y la ironía profundas de esta obra los destinó Vargas Llosa a vengarse de la prensa amarillista y chismosa que, sobre todo en España, lo tiene contra las cuerdas por su romance con Isabel Preysler, la ex del cantante Julio Iglesias

“¿Cómo decidió desquitarse? Con lo que mejor le sale: la literatura. Zapatero a tus zapatos. Ahí está entonces su nueva novela, Cinco esquinas, que saldrá a la venta en todo el mundo pasado mañana; la trama incluye, en partes iguales, una arremetida contra el periodismo sensacionalista y el pasado reciente de la política peruana”.

De todos modos, Néspolo profundiza su lectura y sostiene que la integralidad del libro “invita a pensar en un doble ajuste de cuentas del Nobel peruano como motivación implícita de su nueva novela. Porque Vargas Llosa mete el dedo en la llaga, y con toda malicia, en el nefasto panorama que dejó tras de sí aquel candidato de origen nipón que echó por tierra sus efímeros sueños presidenciales al derrotarlo en la segunda vuelta electoral de 1990”.

Algunos dicen que el proverbio viene de la tradición oral. Otros, que figura en alguno de los escritos o cartas de Cervantes. El aforismo expresa: “La venganza es un plato que se sirve frío”. Sólo en su intimidad Vargas Llosa sabrá –o disfrutará, incluso- si los papparazzi que lo siguen estos días o Fujimori que lo espió y persiguió hace 35 años fueron los inspiradores de esta vendetta. Importa poco en realidad. La obra es la que vale o no vale, sólo la obra.

Hace seis años, el escritor José María Guelbenzu anticipaba en El País de Madrid una suerte de explicación sobre el supuesto ánimo vengativo de Vargas Llosa: “ No hay gran novela sin gran ambición. No hay novelista (incluso tan educado y elegante como él) que no alimente su escritura en un orgullo satánico. Esa es la parte oscura, infernal, del gran escritor”.

“Como decía Faulkner, el novelista ha de estar dispuesto a mentir, robar, falsear e incluso a vender a su madre con tal de conseguir crear la obra. Vocación y ambición revelan un carácter. Experiencia literaria y experiencia de la vida son las armas de ese escritor. Mario Vargas Llosa es un ejemplo perfecto de escritor vocacional entregado a su obra”

El sonriente maestro peruano nos está enseñando, a los 80 años de edad, que en literatura, el camino del cielo está empedrado de malas intenciones.

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