- ¿Y cómo fue meterse en el ambiente del fútbol grande?
- Yo sabía que llegaba acá y debía transformarme en un ladrón profesional, para robarle las buenas ideas a los demás y hacerlas mías. En un momento me fui a Estancia Chica a verlo al Viejo Griguol, para pedirle que me diera al Guly, a Carucha Lagorio y al Pampa Sosa y él me dijo, ‘¿por qué me pide a estos jugadores?, usted tiene que venir a ver los entrenamientos, para saber si se van últimos, si elongan, si trabajan la pierna inhábil, si son aplicados, tómese su tiempo y después dígame’, me marcó Timoteo, que me hizo hincapié en que las cosas que tienen las ven todos, pero las que no tienen, quizás no. La verdad que el Viejo es un maestro. Después el Bambino Pons me ayudó para que pudiera ver a Bilardo, también me reuní, a través de Lito Bottaniz, con el Flaco Menotti, lo fui a ver a Passarella a la Selección, donde trabajaba con el Tolo Gallego y Sabella, hablaba con Coco Basile, el Bambino Veira, lo pude encontrar a Jorge Valdano.
- ¿Se fue nutriendo de todos?
- Sí, totalmente, uno podía hablar mucho de fútbol, en verdad más que hablar, escuchar, porque yo era un pibe del interior, que de último lo que tenía que hacer era escuchar a los maestros. También nos juntábamos muchas veces con Guille Cóppola en la casa de Jorge Guinzburg y estaba Carlos Bianchi hablando de fútbol. También me juntaba mucho con Pekerman y Hugo Tocalli, fue una manera de escuchar y nutrirme de la palabra de todos ellos.
- ¿Qué le dejaron aquellas mañanas compartidas con el Viejo Griguol en Estancia Chica?
- Fue una etapa que me dejó mucho. Me hacía poner en lugares específicos y después podía preguntarle todo lo que quería. Me hacía entrar al vestuario, me dio un trato muy bueno. Y después hicimos una relación tan linda, que me ha tocado compartir pretemporadas en la misma ciudad, muchas veces en Tandil, y nos cruzábamos permanentemente, el Viejo medio que me había adoptado, cuando presentaban los torneos de verano, me hacía poner al lado de él, siempre estaba arriba y con una energía tremenda, siempre me decía ‘cuando a mí la gente me pregunta la edad, le digo que tengo 86 años, así todos me dicen que estoy bárbaro, porque si les digo la verdad me van a decir que estoy hecho mierda’. La verdad que el Viejo es un maestro. Yo digo que ninguna fotocopia va a ser igual que la original, entonces cada uno tiene que tener una identidad, lo que sí creo es que hay muchas cosas que se deben construir desde lo que nos dejaron los anteriores, algo que quizás no es habitual en nuestra sociedad, donde tenemos la tendencia a decir que todo lo hecho está mal y que yo soy el dueño de la verdad revelada. Hay muchas cosas que se hicieron bien, ni que hablar en esas etapas con tanto orden y disciplina y respeto por la profesión. Griguol manejaba pautas muy claras en todos los aspectos, en el ocio de los jugadores por ejemplo, hoy los jugadores están todos tatuados y eso es porque tienen mucho tiempo libre, no saben qué hacer y se van a tatuar el cuerpo en lugar de estudiar, aprender un idioma o cultivarse. Nadie piensa en la fatalidad, todos creen que les va a ir bien, pero la fatalidad está a la vuelta de la esquina. Les recomiendo el cuento de Eduardo Galeano ‘El jugador’, que yo siempre lo uso en las conferencias, donde cuenta que te puede explotar un músculo y el jugador, de la noche a la mañana, pasa a ser un ex y a la suerte no le dejó ni una mísera carta de consuelo. El jugador no es consciente de eso y a lo mejor por una lesión se pierde todo, entonces debe estar preparado.
- ¿Puede haber un legado de Griguol?
- Sí, lo que pasa es que no es sencillo, porque los tiempos cambian y los jugadores sin distintos. Antes vos jugabas en el Nacional B y la diferencia con la Primera era abismal, hoy hay un éxodo permanente de jugadores y ya no cuesta tanto jugar en primera, llegan a los 20 años cuando quizás no están preparados, por lo que te encontrás enseñando en primera visión cosas que son de divisiones juveniles. Encima, de la ley Bosman (NdelaR: el caso del jugador belga que, al ir a la justicia, sentó precedente y abrió la llegada ilimitada de jugadores de todo el mundo a las ligas europeas) para acá, que cambió la metodología de los contratos, el jugador se acostumbró a despedir entrenadores. Entonces, ante el riesgo de que te roben al jugador o se vaya, hoy le hacen contratos a chicos que ni debutaron en Primera. En mi época, la renovación de contrato había que ganársela, vos tenías que romperte el alma para lograrlo. Ahora yo firmé por un año, y después del año yo, como técnico, tengo que ganarme el derecho a renovar, un sentido que hoy el jugador un poco lo ha perdido. Ya no se ve tanto esa necesidad del esfuerzo supremo para llegar a Primera. La sociedad, los medios y las formas, han cambiado, pero eso no quita que podamos aggiornar aquellas ideas y exigir la seriedad, el respeto y un montón de pautas que son innegociables. Yo eso, en Arsenal, lo pude lograr, allí había un vestuario que disciplinaba a los jugadores que venían, me acuerdo que hubo un jugador que duró dos meses, el mismo grupo lo sacó, le hicieron ver que había llegado a un vestuario campeón y que llegaba a amoldarse a las pautas que estaban establecidas. Por eso, se ganaron cuatro torneos, pero eso lleva un tiempo y no es fácil, lo tenés que lograr la semana que viene.
SUSCRIBITE a esta promo especial