Luego de la Gran Depresión, Trumbo, como muchos estadounidenses, se inscribieron en el Partido Comunista defendiendo un modo de vida alternativo, más justo, al capitalismo salvaje. Pero tras la Segunda Guerra, el panorama viró y el comunismo se convirtió en el gran enemigo de Estados Unidos, convirtiendo en parias a sus defensores.
Trumbo, con su carácter frontal, no tuvo problemas en fijar su posición política y defender su derecho a pensar lo que quisiera en 1947, los albores de la caza de brujas, tras lo cual los estudios Warner Bros, Columbia, Paramount, 20th Century Fox y MGM le dieron la espalda.
Junto con otros nueve colegas fueron acusados ante el Congreso por el Comité de Actividades Antiestadounidenses, pues consideraban que utilizaban el cine como medio propagandístico.
Sin poder figurar en los créditos de los filmes, Trumbo se las ingenió para seguir haciendo lo que le apasionaba, sin importar que debiera utilizar trece seudónimos diferentes y ver desde su casa las galas del Oscar en las que nominaban sus películas como escritor fantasma. El desafío de Trumbo lo llevó a pasar un año tras las rejas, pero también a ganar dos Premios de la Academia.
Sumergido en su bañadera, con seis cajas de cigarros y una máquina de escribir, el guionista llegó a trabajar desde ese sitio hasta 18 horas por día, entre los guiones con que perseguía sus inquietudes artísticas y aquellos que escupía para ganarse el pan.
Pero luego de que se hiciera público que era el guionista detrás de “Espartaco” (dirigida por Stanley Kubrick) y “Exodo” (de Otto Preminger), la ya debilitada persecución comenzó su caída final y Trumbo fue rehabilitado en el gremio de los escritores de Hollywood.
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