Para Maricel De Mitri el aterrizaje en La Plata es un reencuentro: “Yo llegué aca con 19 años”, recuerda la que fue su primera experiencia como bailarina profesional, “y nunca perdí mi mirada del Argentino, como si fuera la casa que dejás de jovencito”.
La artista se inició en la danza a los 7 años “de una manera muy barrial: había una agrupación en el barrio que organizaba cases artísticas, y ahí descubri la danza. Esa cosa que tiene la danza que cuanto te toca, te descubre y la descubris, te flecha para siempre”. Y a los 11 llegó a la escuela del Teatro Colón, donde estudió hasta desembarcar en el Argentino.
“En ese tiempo venía en el Roca, los bailarines que veníamos de Buenos Aires vivíamos como de gira constante, subíamos a ese tren, comíamos, jugábamos, filosofábamos…”, recuerda nostálgica, y también rememora que “viví tiempos duros, cuando estábamos sin teatro, y también cuando encontramos la posibilidad de tener el Rocha (el ex cine) y producciones más grandes”.
Tras aquellas vivencias de juventud, De Mitri pasó por el ballet de Julio Bocca y en 1992 se estableció en el Colón, donde hizo su carrera solista hasta convertirse en primera bailarina. Una lesión le impidió el año pasado realizar su función de despedida, poniendo su retiro en suspenso, pero “cuando llegó la propuesta del Argentino no lo dudé, sentí que esto tiene que ver con mi futuro en la danza. Sentí que el círculo se cerraba, que tenía la posibilidad de conducir una compañía de ballet donde empecé... parece como si fuera un guión armado”, dice, y agrega entusiasmada: “Ojalá, ojalá haya estado escrito en algún lugar que tenía que venir”.
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