Por EDUARDO TUCCI
ANALISIS
“Volveré y seré técnico”, dijo Guillermo Barros Schelotto el 19 de abril de 2007 cuando daba término a su carrera como futbolista en Boca para continuarla en el Columbus Crew de Estados Unidos. Ya en aquel momento el Melli dejaba en claro que el vínculo con el Xeneize no se había terminado, habría otra etapa por cumplir y nueve años después el deseo se cumplió.
En eso de los retornos no hay que olvidar que Guillermo también pegó la vuelta al Lobo cuando el club que lo vio nacer más lo necesitaba. Ahora el desafío marca como premisa fundamental enderezar el rumbo futbolístico de un equipo que hace sesenta días festejaba campeonatos por duplicado y actualmente deambula sin pena ni gloria afrontando todo tipo de cuestionamientos.
Guillermo, siempre pegado a Gustavo y un cuerpo técnico que mantiene los mismos nombres desde hace unos cuantos años, forma parte de la nueva camada de directores técnicos que, de un tiempo a esta parte, han tomado la conducción de los principales equipos argentinos.
Pretendido por Racing, antes de marcharse a Italia para pasar fugazmente por el Palermo, vuelve al equipo con el que festejó 16 conquistas en una década después de haber estado varias veces postulado para el cargo.
CONOCE A FONDO EL “MUNDO BOCA”
Conocedor a fondo de lo que representan las urgencias en el “Mundo Boca”, el Mellizo le pidió a Angelici tomar el mando del plantel lo más rápido posible porque no hay tiempo que perder y la agenda marca dos citas de alta significación: Racing por la Copa y el rival de siempre el domingo que viene.
También quería estar lo antes posible en contacto con el plantel con el que intentará una buena relación, aunque como reconociera en una entrevista periodística con un diario capitalino, “yo puedo ser amigo de mis compañeros, pero de tu jefe es difícil ser amigo, porque después tiene que tomar decisiones antipáticas”, en referencia a la relación entre el Director Técnico y los jugadores.
Compartió vestuario como jugador como el “Cata” Díaz y Fernando Gago en el transcurso de una época plagada de éxitos, con el “Coco” Basile como mandamás, y con Tevez se conoció en 1997 cuando llegó al club y el Apache era alcanzapelotas. Después en 2003 el Melli y Carlitos dieron forma a un tridente matador con Delgado, para quedarse con la Copa Libertadores.
Hoy en el universo boquense sobrevuela con fuerza la idea de que Carlos Tevez tiene una injerencia fundamental y que se quedó con “las llaves del club”, a punto tal que sus humores han tenido impacto tanto dentro como fuera de la cancha.
Será uno de los desafíos que afrontará el Mellizo. Dicen quienes han seguido de cerca el tema que en las charlas preliminares con Angelici, el nuevo DT dejó bien en claro que su gestión no estará condicionada por la injerencia de nada ni de nadie.
Determinaciones que seguramente tomaron cuerpo desde el mismo momento que el flamante cuerpo técnico tomó las riendas de cara a una gestión que, en lo inmediato, tiene desafíos de enorme envergadura. Para afrontarlos, Guillermo cuenta con el respaldo popular y el de la comisión directiva: sólo basta repasar las ovaciones que recogió en la Bombonera cada vez que la visitó y que Daniel Angelici ya lo quería como adiestrador cuando se fue Julio Falcioni.
En Boca se renueva la ilusión con la llegada de alguien que dejó los mejores recuerdos como jugador y al Mellizo se le abre la enorme posibilidad de consolidar su próspera carrera como entrenador.
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