En medio del caos y la consternación, los líderes republicanos se han embarcado en buscar una última oportunidad para descarrilar el ímpetu de Donald Trump impulsado por sus siete triunfos del supermartes. Eclipsado por Trump, el senador Ted Cruz quedó en segundo lugar en cuanto a delegados, gracias a que ganó en su estado natal de Texas. Con sus victorias (Oklahoma y Alaska, además de Texas) y una derrota por la mínima frente a Trump en Arkansas, Cruz ahora tiene puestas sus esperanzas en el corto plazo en Kansas (donde ayer estuvo de campaña), Louisiana y Maine, tres estados en los que, junto con Kentucky, los republicanos celebrarán votaciones este sábado. El senador por Texas asegura que él es el único capaz de batir a Trump, a quien se impuso también en Iowa en febrero, y pidió a Rubio y a los otros precandidatos republicanos, John Kasich y Ben Carson, que se retiren ya de la contienda. Este último le hizo caso y decidió dejar la competencia. De hecho, esta división representa la mayor crisis del Partido Republicano en décadas, ya que la militancia parece encaminada a nominar a un candidato presidencial que la cúpula organizativa no puede controlar. Algunos líderes consideran la alguna vez impensable opción de apoyar a Cruz, quien desagrada a muchos, y otros hablan de una Convención partidaria negociada. El caos republicano contrasta con la cohesión demócrata, donde Hillary Clinton obtuvo sólidas victorias en siete estados (Alabama, Arkansas, Georgia, Tennessee, Texas, Virginia y Massachusetts) más el territorio de Samoa estadounidense. Su rival Bernie Sanders, en tanto, ganó en Oklahoma, Minnesota, Colorado y Vermont, y no se rinde.
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