Nada será inmediato. En esta definición simple coinciden muchos economistas a los que se consulta en estos días sobre los efectos que tendrá para la Argentina el acuerdo con los holdouts y la consecuente salida del default.
Conviene ir por partes. Si el Senado aprueba hoy la ley que aportará el marco necesario para llegar a un acuerdo, se habrá dado un paso fundamental pero no se habrá completado el camino para normalizar la deuda. Lo de hoy es importante en términos económicos pero, fundamentalmente, políticos. Si el oficialismo logra el resultado que busca en el Senado, habrá rendido el primer éxito resonante en un Congreso en el que no tiene mayorías aseguradas. Hay que anotar, entonces, este primer dato.
Si la ley se aprueba tal como viene de Diputados, quedará allanado el camino para que Argentina firme un acuerdo con los holdouts; pague la deuda -con una quita que fue objeto de arduas negociaciones en el último mes- y dé vuelta una página que ha mantenido cerrados para el país los mercados internacionales de crédito.
Pero la pregunta, entonces, es qué va a pasar al día siguiente de ese acuerdo que ahora parece cercano. No sería aventurado decir que no pasará nada extraordinario.
Para explicar la importancia de cerrar el litigio con los buitre, se ha recurrido una y otra vez a una imagen que, por cierto, es gráfica y contundente: es como salir del Veraz, se ha repetido hasta el cansancio.
Si un deudor logra regularizar su situación y salir del Veraz -que le impedía acceder al crédito; comprar en cuotas y hasta firmar contratos- dará un gran paso para mejorar su calidad de vida y dormir más tranquilo. Pero no pasará de un día para el otro a vivir de una manera sustancialmente distinta. Algo similar ocurrirá, probablemente, en la Argentina.
El acuerdo por esta deuda impaga cerrará un capítulo y abrirá una perspectiva para vivir mejor. El país podrá acceder a créditos convenientes; con esos créditos podrá diseñar planes de obra pública de envergadura y de largo alcance; se generarán mejores condiciones para atraer inversiones; las propias empresas argentinas también accederán a créditos internacionales que les permitirán ampliar sus líneas de producción y embarcarse en nuevos proyectos que, a su vez, demandarán mano de obra y crearán puestos de trabajo. Pero nada de eso ocurrirá de un día para otro.
Creer que el acuerdo con los holdouts funcionará como una puerta mágica que hará que inmediatamente lluevan créditos e inversiones, sería poner las cosas en una perspectiva exagerada y, posiblemente, frustrante.
La regularización de la deuda es un paso indispensable para empezar a recorrer un camino de crecimiento. Pero no es el único. Además, el del crecimiento no es un camino corto ni admite atajos.
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