La holgada sanción en el Senado de la iniciativa del Gobierno para pagarle a los holdouts se convirtió en una bisagra para la gestión del presidente Macri, porque al mismo tiempo que le otorga una herramienta de gobernabilidad fundamental, marca el punto final de la “luna de miel” con lpartidos de la oposición.
Sobre todo, con aquellos que le posibilitaron al jefe de Estado la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano, tanto ayer en el Senado como dos semanas antes en la Cámara de Diputados, como el Frente Renovador, el PJ no kirchnerista y bloques de presentación de distintas provincias, cuyos distritos necesitan financiamiento al igual que el Tesoro Nacional.
De hecho, esos grupos de oposición moderados –más otros como el FpV que sigue la línea intransigente de Cristina Kirchner- se reunieron en la Cámara baja al mismo tiempo que sesionaban los senadores, para manifestar públicamente su vocación de juntarse para impulsar cambios en el impuesto a las Ganancias y frenar despidos en el Estado y las empresas.
El propio Macri debió explicarle ayer por la tarde en la quinta de Olivos a Elisa Carrió que la instrumentación de medidas económicas impopulares, como la suba de tarifas, forma parte de un “proceso que hay que pasar”, ante los cada vez más elocuentes cuestionamientos de su aliada política. Pero hay otros sectores que no están dispuestos a darle tiempo al Presidente.
A tal punto, que la tres CGT -hasta ahora divididas- se reunieron en el Congreso para impulsar los cambios en Ganancias, que el Gobierno busca postergar para el último trimestre del año. Los jerarcas sindicales Moyano, Barrionuevo y Caló ya acordaron una marcha para el 29 de abril y ahora impulsan que los diputados junten quórum aún sin el aval de Cambiemos.
Esto es, que el massismo, el FpV -que ayer estuvo representado por Kicillof y Héctor Recalde, entre otros-, el bloque de Progresistas (los socialistas de Hermes Binner, el GEN de Margarita Stolbizer y Libres del Sur de Victoria Donda)- y también el PJ de Diego Bossio se junten para sumar 129 diputados y tratar los proyectos en una sesión especial de la Cámara baja.
Frente a este cuadro de situación, Macri llega a Washington para participar de una cumbre sobre seguridad nuclear, como parte de su política de apertura hacia el mundo.
En ese terreno, el gobierno de Cambiemos supo despertar fuertes expectativas entre las principales potencias del globo, que alientan a sus principales empresas a invertir en la Argentina, como ya se comprometió en los casos de Estados Unidos, Francia e Italia. El cierre del extenso litigio judicial con los “fondo buitre” contribuirá a incrementar ese interés.
Por eso, la derogación de las leyes Cerrojo y de Pago Soberano se convirtió en un logro clave para la alianza gubernamental, que empezó a gestionar con una economía por demás complicada y que necesita financiarse sin recurrir a la emisión monetaria, tal como hizo el kirchnerismo.
Ese es, justamente, el primer paso que da el Gobierno para enfrentar la inflación, pese a que la oposición considera que la Casa Rosada y el Palacio de Hacienda están demorando la instrumentación de un paquete de medidas concreto para frenar el alza de precios, que acumula más del 12% en el primer trimestre, de acuerdo a las mediciones disponibles.
Mientras tanto, la agotadora jornada de ayer en el Senado dejó como saldo un número significativo: 27 de los 43 senadores del -¿kirchnerista?- Frente para la Victoria manifestaron su apoyo. Así, quedó en claro que el jefe del bloque, Miguel Angel Pichetto, logró encolumnar a su tropa en línea con los gobernadores del PJ. Hasta Carlos Menem, el ex presidente, apareció en el recinto para dar su visto bueno.
En Diputados, en tanto, la movida opositora volvió a mostrar juntos a Massa y Stolbizer, una sociedad política fuerte para el territorio bonaerense, pero también llamó la atención que junto a ellos se sentara el socialista santafesino Binner.
Las alianzas que se empiezan a tejer de cara al 2017 están por el momento en estado embrionario, aunque se empiezan a perfilar y producen algunos ruidos tanto al interior de las fuerzas políticas como en el Gobierno, que debe abocarse a la gestión sin descuidar ese terreno, porque el año que viene tendrá que revalidar sus títulos.
Pero ahora mismo, el presidente Macri comienza a sentir que se le acaba el plazo de gracia que tienen todos los nuevos gobiernos para ponerse en marcha de acuerdo a sus propios lineamientos. Por lo menos, eso piensan en las principales las fuerzas de la oposición, tal vez de una manera algo más apresurada que los tiempos que maneja la propia sociedad.
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