La presidenta brasileña, Dilma Rousseff, defendió ayer a su antecesor y padrino político Luiz Inácio Lula da Silva y también descalificó a uno de los delatores de la corrupción en la estatal Petrobras, que los implicó a ambos en esos asuntos.
La reacción de Dilma se produjo luego de que el presidente de la mayor patronal de Brasil, Paulo Skaf, pidió su renuncia, debido a la crisis económica y a la corrupción, por la que ahora está siendo investigado su antecesor y padrino político, Luiz Inácio Lula da Silva.
Skaf, quien preside la Federación de Industrias de Sao Paulo (Fiesp), la cámara empresaria más influyente del país, consideró que la salida de Rousseff permitirá la retomada del crecimiento y aumentará la confianza de los inversores en el país.
Por su parte, el diputado opositor Antonio Imbassahy dijo que la operación realizada contra el Lula “es el principio del fin” del Gobierno de Dilma Rousseff. “La policía no entraría de no estar segura de la acusación”, dijo Imbassahy, jefe del opositor Partido de la Social Democracia Brasileña (PSDB) en Diputados.
En cambio Dilma, en un mensaje transmitido por televisión desde el Palacio de Planalto, y flanqueada por sus ministros, reiteró su “más absoluto inconformismo” con la operación policial de la que fue objeto Lula. Rousseff calificó de “innecesaria” esa operación y exigió “respeto” a los derechos individuales y “responsabilidad” a las instituciones, aprovechó para responder a la supuesta delación de un político detenido por el caso Petrobras, que la acusó de intentar manipular a la justicia.
La mandataria manifestó su “indignación” frente a supuestas acusaciones del parlamentario Delcidio Amaral, ex jefe del grupo oficialista en el Senado, que fue detenido en noviembre pasado y, según reveló la revista Istoé, aceptó cooperar con la justicia e hizo acusaciones contra Rousseff y Lula. También desmintió en forma tajante las supuestas acusaciones de Amaral en el sentido de que ella había intervenido directamente en el nombramiento de algunos miembros del Supremo Tribunal de Justicia a fin de favorecer “la liberación” de algunos empresarios detenido.
El presidente del Partido de los Trabajadores, Rui Falcao, denunció una “escalada golpista” para “desestabilizar” al Gobierno de Rousseff, después de que Lula fuera centro de un operativo policial enmarcado en investigaciones de corrupción. “Se trata de un nuevo e indigno capítulo en la escalada golpista”, reiteró.
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