Especial para EL DIA
de National Geographic
Para cumplir con el objetivo del acuerdo de París sobre la reducción de gases invernadero, los países parecen estar recurriendo a proyectos en gran escala costosos y posiblemente nocivos tendientes a absorber el dióxido de carbono de la atmósfera, según un nuevo trabajo con cálculos mesurados sobre los riesgos.
“El acuerdo de París muestra hacia dónde queremos ir -el mundo feliz con un presupuesto equilibrado en carbono- pero no cómo llegar a ello”, dice Phil Williamson, científico ambiental de la universidad británica de East Anglia.
Williamson advirtió en la revista Nature que enfoques en apariencia beneficiosos como la siembra de árboles serían perjudiciales si se la implementara en la enorme escala necesaria para limitar el aumento de la temperatura global promedio a menos de 2 grados.
“Hay mucho optimismo pensando que todo andará bien, porque en algún momento del futuro, vamos a lograr remover el carbono. Bueno, eso dará más trabajo y será más caro que si encaramos el problema hoy”. Añadió que es urgente investigar las consecuencias de esos proyectos de remoción masiva del carbono que, en su opinión, son esencialmente proyectos de geoingeniería bajo otro nombre.
Los negociadores de París no discutieron específicamente la absorción del carbono, pero Williamson sostiene que el acuerdo implícitamente se basa en proyectos de mitigación en gran escala, porque los países no reducirán la quema de combustibles fósiles lo suficiente como para cumplir con los objetivos del pacto.
Por ejemplo, cita números sobre el impacto potencial de la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono (BECC), o sea los cultivos, desde pastos hasta árboles, que pueden ser quemados en centrales eléctricas mientras el carbono emitido es capturado y almacenado. Williamson calcula que para lograr las reducciones previstas en el acuerdo de París, para absorber carbono habría que plantar de 430 a 580 millones de hectáreas de tierra, aproximadamente un tercio del total del suelo cultivable del planeta.
La dependencia de la BECC puede generar una pérdida de especies terrestres hacia fin de siglo quizás peor que las ocasionadas por un aumento de temperatura de aproximadamente 2,8 grados por encima de los niveles preindustriales, indicó Williamson.
También analizó el posible impacto de técnicas para aumentar el carbono secuestrado en el suelo, por ejemplo, con biochar, una forma de carbón ecológico, en suelos agrícolas. Si millones de hectáreas quedaran oscurecidas por la aplicación de biochar -lo que sería necesario para lograr una gran reducción de carbono- la reflectividad del suelo se reduciría, aumentando significativamente la absorción de calor de la Tierra.
Otra alternativa sería pulverizar silicato reflectivo sobre el suelo. Pero se necesita mucha roca. Para reducir 50 partes por millón de anhídrido carbónico en la atmósfera (una disminución del 12 por ciento a nivel actual), los países deberían aplicar anualmente de uno a cinco kilos de silicato por metro cuadrado al 45% del suelo de la Tierra, principalmente en los trópicos, según Williamson. El volumen de roca extraída y procesada tendría que exceder la cantidad de carbón que actualmente se produce en todo el mundo, a un costo de más de 60 billones de dólares, degradando a su vez los sistemas de agua adyacentes.
Ken Caldeira, científico atmosférico de la Carnegie Institution for Science que apoya las tecnologías de desarrollo de carbono, observa que junto a quienes han trabajado también en geoingeniería, apoyan la reducción de las emisiones de carbono lo más rápido posible. “Pero nos preocupa que ni siquiera todos nuestros esfuerzos basten para evitar un peligroso cambio climático”, afirmó Caldeira.
En un nuevo estudio publicado en Nature Climate Change, investigadores de la Universidad de Oregón y el Laboratorio Nacional Lawrence Livermore, descubrieron que los impactos a largo plazo del aumento del nivel del mar a raíz del cambio climático continuarán hasta bien pasado el siglo XXI.
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