Escribe Monseñor DR. JOSE LUIS KAUFMANN
Queridos hermanos y hermanas.
En la Sagrada Biblia, tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento existe una especial urgencia por parte de Dios para que el ser humano tenga un espíritu de misericordia. El mayor argumento es que Dios es misericordioso. Es la ley de la santidad plasmada en el libro del Levítico, que en el Evangelio de Lucas adquiere una fuerza especial: “Sean misericordiosos, como el Padre de ustedes es misericordioso” (6, 36). La misma idea se expresa en el Padrenuestro y es el eje del mandamiento del amor: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu. Este es el más grande y el primer mandamiento. El segundo es semejante al primero. Amarás a tu prójimo como a ti mismo. De estos dos mandamientos dependen toda la Ley y los Profetas” (Mt 22, 37-40).
Con esta Ley fundamental queda proscripta la venganza y se exhorto el perdón generoso y el amor a los enemigos. La misericordia es entonces como el culmen de la vida: “Sean perfectos como es perfecto el Padre que está en el cielo” (Mt 5, 48).
Dios lo quiere. Es el único Dios por Quien vivimos y que se complace en el corazón humano que es compasivo y misericordioso. Vivir la misericordia vale más, es más grata a Dios, que los sacrificios.
¿Qué quiere decir misericordia?
La palabra es el conjunto de dos conceptos: miseria y corazón. La misericordia es la actitud del ser humano que, desde su corazón ama sinceramente al hermano caído en la miseria; y la peor miseria humana es el pecado. No se ama la miseria, ni la basura ni el pecado, sino al hermano caído en esa desgracia. La misericordia es la compasión interna ante la miseria ajena, que nos mueve e impulsa a socorrer al caído en cuanto nos sea posible.
La misericordia es la actitud del ser humano que, desde su corazón ama sinceramente al hermano caído en la miseria
La misericordia es una virtud especial, fruto de la caridad, aunque distinta de ella. Es la virtud por excelencia de todas las que se dirigen al prójimo; y Dios mismo manifiesta su omnipotencia compadeciéndose misericordiosamente de nosotros y remediando, sanando, nuestras necesidades.
El campo de la misericordia es tan grande como la miseria humana, en lo físico, intelectual, moral y espiritual. El ser humano está afectado por innumerables miserias; por eso las obras de misericordia son incontables, son tantas cuantas miserias haya, si bien la Iglesia señala siempre las principales: siete corporales y siete espirituales.
Cabe tener presente que la misericordia está en orden a la miseria ajena, por lo cual no es posible experimentarla en relación a nosotros mismos. De nuestras propias miserias y bajezas podemos dolernos, arrepentirnos, corregirnos. También debe saberse que la misericordia puede ser un mero sentimiento pasional ante el mal de otros, es decir: cierta compasión natural, que no tendría entonces valor de virtud cristiana y sobrenatural. Sin embargo, si ese sentimiento estuviese regulado por la fe y por la caridad, constituiría una verdadera virtud cristiana y sobrenatural. De suyo, la misericordia cristiana es una virtud moral que podría reducirse a la justicia; pero está también íntimamente relacionada con la caridad, de la que constituye un acto interno.
Dios misericordioso, tenga piedad y nos conceda la gracia de ser misericordiosos por amor a Él y al prójimo.
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