En las últimas semanas se han formalizado quejas y reclamos por las “fiestas privadas” o “clandestinas” que se realizarían en distintas facultades de la Universidad Nacional de La Plata. Los que se quejan son los propietarios de discotecas y lugares de esparcimiento nocturno, que denuncian -con argumentos- que las fiestas en estos ámbitos no cumplen con los recaudos con los que ellos deben cumplir y que se desarrollan en condiciones de alto riesgo, en un marco de informalidad que sería completamente irregular.
Es sabido: una discoteca, que además debe pagar impuestos y tasas especiales, no se habilita si no cuenta con especiales medidas de seguridad, de aislamiento sonoro, de condiciones edilicias, etcétera. Las fiestas que se realizan en ámbitos que no están previstos para esa actividad no cumplen con este tipo de recaudos.
El foco sobre las fiestas clandestinas se puso este verano con el caso de la chica que murió en uno de esos eventos al caer en una piscina que, por supuesto, no tenía medidas de seguridad ni estaba supervisada por guardavidas. Esa tragedia puso el problema en primer plano.
Las fiestas en las facultades podrían tener alguna característica diferente de las que se realizan -como la aquí aludida- en quintas particulares. Pero entran dentro del mismo universo de fiestas bailables, masivas y nocturnas que se realizan en ámbitos no habilitados para la realización de ese tipo de actividad.
Las autoridades universitarias deberían prestar una especial atención a los reparos que se han planteado sobre este asunto.
Las facultades no son “espacios bailables”, y aunque la Universidad ha avanzado en la prestación de servicios de todo tipo -desde comedores hasta transporte, vigilancia y albergue- parecería exagerado que habilite para los estudiantes discotecas dentro de las facultades.
La realización de bailes en ámbitos universitarios debería, en todo caso, enmarcarse en una clara y precisa reglamentación que, hasta donde se sabe, no existe.
Cualquier contingencia ocurrida en ese contexto engendraría una responsabilidad objetiva para la Universidad. Por lo tanto, no deberían correrse riesgos como los que, inevitablemente, supone la realización de fiestas de este tipo en espacios destinados al desarrollo de actividades académicas.
El tema merecería ser analizado y debatido en el consejo superior de la Universidad y en los consejos directivos de cada una de las facultades. No puede quedar subordinado al criterio de cada autoridad frente a los pedidos realizados por centros estudiantiles para la realización de fiestas.
Hay que tener en cuenta, además, el impacto que genera esta actividad en zonas de la Ciudad que no forman parte del eje de diversión y movimiento nocturno.
La autonomía universitaria no puede ni debe ser entendida como la posibilidad de hacer cualquier cosa en cualquier lugar. Hace pocos días se ha planteado un debate por la ampliación de una vereda frente a la facultad de Derecho (que se ejecutó sin mucho debate ni muchas explicaciones). Ahora, ante este nuevo debate, valdría la pena promover la revisión que el tema merece.
SUSCRIBITE a esta promo especial