MAGUI BRAVI
Actriz y bailarina clásica
Lucía Magdalena Ana Bravi es conocida por su apodo, Magui, y por el cuerpo escultural que muestra desde que irrumpió en 2011 en la televisión, ganando el “Soñando por Bailar 2012” y siendo, meses más tarde, en una historia para la película, subcampeona del “Bailando 2012”, que inició la era de Piquín y Pompa.
Pocos saben, sin embargo, que la bailarina platense que hoy se luce como actriz en “Algunas mujeres a las que les cagué la vida”, con Pablo Rago, estudió danzas clásicas desde los seis años, y que problemas de salud la obligaron a dejar hacia los 20, cuando comenzó a trabajar de azafata y se volcó a los estudios de Filosofía en la UBA. La vida le daría otra oportunidad con aquel “Soñando” y hoy, Magui es una de las personalidades más buscadas del medio, por su talento, su versatilidad y, lo sabe ella, un cuerpo que hace suspirar a todos.
Magui buscó durante el año que pasó darle un vuelco a su carrera y no solo se volcó de lleno al teatro sino que además sostuvo una línea de ropa deportiva y hasta una aplicación para celulares en el mundo del fitness.
Agobiada por las obligaciones laborales, Magui no puede contestar enseguida el teléfono pero agradece “a Dios” la cantidad de laburo y recuerda los días donde todavía vivía en 15 y 62 y era una platense más: “En mi epoca todavia se podia jugar en la calle, pase mi infancia en la vereda”, añora la bailarina, actriz y empresaria todoterreno que hizo suspirar durante 2015 al Chino Darín, uno de los solteros más codiciados de la farándula.
Con padre del Lobo, “yo salí de Boca, me quiere matar”, se ríe Bravi, que cuenta que, para colmo, revela que “el resto de mi familia es de Estudiantes, se putean entre ellos y yo medio que quedo afuera del quilombo”.
Magui, que hizo la primaria en el Lincoln y la secundaria en el Liceo, comenzó sus estudios de danza en la escuela del Teatro Argentino de La Plata, a los seis años. Con el paso de los años, tendría que comenzar a trasladarse a Buenos Aires para estudiar, convocada por escuelas como la de Julio Bocca y el Teatro Colón.
“De chiquita soñaba ser primera bailarina de un ballet”, revela la morocha, pero el sueño se modificó con el tiempo. Y para alcanzar su sueño Magui hizo lo que suele hacer: se sacrificó y entregó parte de su joven vida a su pasión. “Viví poca vida de adolescente, me la pasaba en un bondi viajando, no tenía paz, dormía muy poco. Salir con mis amigas, lo hice más grande, ir a Ruta, así, a los 17. El viaje a Carlos Paz de egresados no lo hice porque estaba bailando”, revela.
Ya instalada en Buenos Aires, epicentro del mundo del espectáculo del cual es una figura en ascenso. “El mundo de la farándula es difícil para los que no tienen nada para dar, yo desde que entré me encargué de seguir estudiando”, dispara.
Y en materia de corazón, luego de protagonizar una especie de triángulo amoroso new age con el Chino Darín y Maipy Delgado, Magui dice que “no puedo contar nada”. “Estoy en un momento en el que me estoy enfocando en el laburo y estoy dejando un poquito de lado el corazón”, arranca diciendo, y se ríe al decir que “después de un 2015 movidito... espero que me de descanso este año”.
“Igual”, se esperanza, “mientras menos lo busque uno, más te sorprende la vida”.
“De chiquita soñaba ser primera bailarina de un ballet. Con los años seguí estudiando otras danzas y quería que me vieran bailar todos, y cualquier cosa”
NOELIA COBOS
Modelo y violinista
Las mujeres que alcanzan el mundo del espectáculo desde La Plata tienen un sello particular: ocultan un talento poco habitual en el medio. Es el caso también de Noelia Cobos, la modelo y actriz platense que, además de ser dueña de una voluptuosa belleza, es violinista de la Orquesta Sinfónica de La Plata.
Incluso, Cobos se sumó el verano de 2015 a “Stravaganza, Estados del Tiempo”, donde se encargó de aportar la música en vivo al espectáculo creado por Flavio Mendoza. “Siempre miraba Stra’vaganza’, y pensaba este es el show ideal para mí, ya que tiene música, acrobacia, bailes, todo lo que a mí me gusta hacer. Si tenía que elegir un espectáculo para trabajar en mi vida, ese era ‘Stravaganza’“, reveló en aquella ocasión al sitio Exitoína.
“Me presenté al casting haciendo acrobacias, donde hice un show en tela y cuando bajé al escenario toqué un tango de Piazzolla. Flavio no podía creer que yo estuviera tocando en vivo y pidió que apagaran la música de fondo y me hizo tocar a cappella, y cuando me escuchó me dijo que había quedado”, relató.
Noelia cuenta que se insertó en el mundo del modelaje a los 17 años, “después de una campaña gráfica que gustó mucho. Eso lo vio Daniel Comba y me llamó para hacer teatro con Jorge Guinzburg en ‘TermiNestor‘. Vine de muy chica, aunque no sabía bien que quería hacer. Tuve de compañeras a Belén Francese, y otras chicas del ambiente, y la pasé bárbaro. Fue en el 2005, y volví a Carlos Paz exactamente 10 años después”.
“En 2015 toqué con Rod Stewart en GEBA, y fue lo más grande que hice en cuanto al violín. En ningún momento pude mirar al público, sólo lo miraba a él. Fue muy buena onda, antes como después. También toqué mucho tiempo con Cacho Castaña durante cuatro años. Con Marco Antonio Solís también compartí escenario cuando estuvo en Argentina y fue una linda experiencia. Pero hoy estoy en Carlos Paz con el espectáculo número uno del país y soy muy feliz“, comentó en una entrevista.
Con todos esos talentos, la blonda no se preocupa por ser considerado solo un rostro espectacular y que sus talentos no sean reconocidos: “Soy consciente de lo que genero con mi cuerpo y no me molesta que me encasillen. Yo sé mejor que nadie quién soy”, afirma segura la inclasificable artista.
E incluso, afirma: “Me gusta pensar que para algunos puedo ser un bicho raro. Ser modelo y violinista, piensan muchos, son cosas que resultan incompatibles. A mí me causa gracia. No sólo soy eso: también conduzco un programa de televisión y soy, antes que nada, una madre. Es raro, pero cuando pienso en mi hija siento que ni loca la llevaría a hacer un casting o la metería en el mundo de la tele. Será porque conozco bien el mundillo. O será porque yo también, pese a todo, tengo mis prejuicios”, comenta.
“Soy consciente de lo que genero con mi cuerpo y no me molesta que me encasillen. Yo sé mejor que nadie quién soy”
JANAH GRINFELD
Modelo y empresaria
Janah Grinfeld es para el público argentino la barwoman de “Animales Sueltos”. Sin embargo, detrás de la morocha que seduce con su imponente cuerpo detrás de la barra se esconde la historia de una muchacha de La Plata que nunca esperó las oportunidades, sino que las fabricó.
De hecho, a diferencia de la mayoría de las chicas que terminaron en el medio, Janah no estudió danzas sino... taekwondo. “Era profesora de taekwondo (terminé haciendo en Montego con mi hermano de profesor); entrené 13 años artes marciales, colgúe los guantes siendo cinturón negro segundo dan”, revela la feroz belleza con la cual, mejor, no caer en desgracia.
Un día su madre, quizás cansada de ver a una belleza natural como la de su hija (“solo me hice las lolas, me dan miedo las operaciones”, confiesa ella) dando patadas, le sugirió la alternativa del modelaje: “Me enganché y le di para adelante”, cuenta.
Corría el año 2003, en que Janah terminó la secundaria (egresada del Normal Nº2) y comenzó con el mundo de la moda, primero haciendo books, y luego organizando ella los desfiles, y mostrando desde el principio su costado emprendedor.
“Soy muy ambiciosa, si uno se queda con lo que tiene, la vida se te acorta”, dice Janah con la voz firme. Grinfeld buscaba chicas que dieran el perfil que buscaba y les enseñaba a caminar en su casa, hasta que las propias muchachas comenzaron a pedirle clases: así nació en 2009 Dimodell, la agencia y escuela de modelos que atiende en 38 entre 12 y 13 y que Grinfeld gestiona junto a su hermano Joel.
“Ser famosa no era mi sueño; abrir una escuela de modelos era mi sueño”, dice Janah sobre lo que la motivó a convertirse en empresaria. La escuela, cuenta, tiene más de 200 alumnos por año.
Pero aunque ser famosa nunca fue su objetivo, “me encanta que le reconozcan en la calle”, dice la morocha, que se niega a entrar en los jueguitos mediáticos y a quedar atrapada al qué dirán: “Quizás hay gente piensa que soy nada más que la barwoman de ‘Animales Sueltos’. Pero hay gente que hablaç por el solo hecho de hablar, pero haces oídos sordos, no te podés guiar por lo que dice la gente que no te conoce”, dispara.
Es que la modelo, barwoman, taekwondista y empresaria platense tiene muy claras sus metas: quizás por eso nunca se haya querido mudar a Buenos Aires, el epicentro del mundo del espectáculo, a pesar incluso de que tras grabar “Animales sueltos” llegue de madrugada a casa.
Muy familiera, Janah dice que no se mudaría aunque si podría pensar en pasar algunas noches en algún departamento porteño, aunque a pesar de su arraigo afirma que “soy de Estudiantes, pero no le doy mucha pelota”.
“Ser famosa no era mi sueño; abrir una escuela de modelos era mi sueño”
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