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Los selk`nam, un pueblo acosado por buscadores de oro y estancieros

La extinción de los selk`nam comenzó a fines del XIX.

Por Redacción

Los selk`nam u onas, habitantes originarios de Tierra del Fuego desde hace más de 10 mil años, eran cazadores y pescadores y tenían un temperamento amistoso que, según cronistas de la época, tornó en bravura frente al acoso y la persecución sufrida por parte de buscadores de oro y terratenientes.

Si bien los primeros contactos entre los selk`nam y los europeos datan de fines del siglo XVI, será recién en 1880 (cuando miles de “blancos” emprendieron la invasión de la isla atraídos por el descubrimiento de oro aluvial y por las ricas pasturas para la cría de ovejas) que se produjo entre ellos un violento choque cultural.

Como relata el Colectivo GUIAS en su libro “Fueguinos en el Museo de La Plata: 112 años de ignominia”, los onas “fueron atacados por buscadores de oro y por asesinos profesionales a sueldo de algunos propietarios y administraciones de estancias que pagaban hasta una libra esterlina por indio que se matara”.

Cuando en octubre de 1884 la expedición del Comodoro Augusto Lasserre funda la Subprefectura de Ushuaia, tomando posesión oficial y definitiva del Territorio Nacional de la Tierra del Fuego, se impuso “un nuevo núcleo poblacional compuesto en su mayoría por hombres solos, soldados, empleados del gobierno, policías, marineros, mineros y exploradores; lo que alteró las relaciones sociales con los pueblos fueguinos. El asalto a núcleos familiares Selk`nam para capturar mujeres, preferentemente jóvenes, desató trágicas consecuencias”, describe el libro.

Alberto De Agostini, misionero salesiano, explorador y fotógrafo italiano llegado a la región, escribió en 1956 que “los actos de crueldad y sevicia que se perpetraron contra los indios onas y que tanto ha contribuido a la rápida extinción de una raza inofensiva y vigorosa, pasarán a la posteridad como una mancha vergonzosa de la civilización”.

“Para justificar los actos de barbarie efectuados por el blanco -relata el sacerdote-, la fantasía de los civilizados forjó exageradas descripciones de emboscadas y ataques mortíferos por parte de los indios, que jamás tuvieron lugar”.

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