“Los ladrones se reparten entre nosotros y la panadería de al lado. Una vez roban acá y otra allá”, aseguró el dueño de un local de ropa del centro, ya resignado a sufrir un nuevo episodio de inseguridad.
La que lo padeció fue su empleada, una chica de alrededor de 30 años, que a las 17.30 vio cómo entraba un sujeto repentinamente al negocio de 8 entre 53 y 54. El intruso, de unos 45 años, nunca se hizo pasar por cliente. Sino que empezó a amenazarla, haciendo el ademán de llevar un arma.
“Yo no sabía qué hacer. Intenté escaparme corriendo para la calle. Pero (el ladrón) me frenó y me dio una piña en la cara”, relató la joven.
No fue la única agresión física para ella. El asaltante la obligó a ir hacia el mostrador, la hizo tirarse al suelo y allí le pegó varias patadas en el cuerpo, exigiéndole que le diera toda la plata que hubiera.
En la caja había sólo una suma “menor”. Ese dinero más un celular y otros elementos de poco valor fue el botín del que se apoderó el sujeto.
A la chica la hicieron encerrarse en el sector trasero del negocio. Así, el delincuente salió a la calle y escapó. Se desconoce si contaba con el apoyo de cómplices.
El dueño del negocio protestó por la cantidad de asaltos que suman en su local y en el de al lado. “En dos o tres años, ya van como 40”, sostuvo.
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