El gobierno bonaerense enfrentó, al menos en lo visible, la primera reacción de la Policía. Un grupo de uniformados convocó a una protesta cuya concreción aparece rodeada de una fuerte dosis de incertidumbre aún cuando la Provincia anunció el aumento salarial que le reclamaba.
La administración de María Eugenia Vidal buscó maniobrar rápido una vez que tomó nota de que la amenaza de dejar de prestar servicio entre las 20 y las 22 de mañana, encontraba más solidaridades que las esperadas. Y procuró calmar el malestar con un anuncio, acaso, tardío. Una decisión oficial pone en blanco sobre negro esa demora: la de salir velozmente a pagar el incremento salarial a través de una liquidación inusual a mitad de mes.
La sombra de diciembre de 2013 estuvo presente en este veloz desenlace que alumbró el aumento de sueldos para los uniformados. En aquél entonces, distintos sectores de la fuerza se revelaron y le arrancaron al entonces gobernador Scioli un incremento salarial adicional.
Fue luego de saqueos y disturbios en varias ciudades que quedaron desprotegidas por la inacción de los efectivos que se sumaron a la protesta.
Vidal buscó desactivar la amenaza del sábado y evitar tropezar con la misma piedra.
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