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La cuarta estación

La cuarta estación

Por Redacción

Con su último disco, “El final de las primaveras”, los porteños Valle de Muñecas engrosan su legado de melodías inmediatas, aires nostálgicos y abrasión eléctrica.

Editado por Scatter Records, representa otro paso convencido y convincente para la banda que integran Fernando Blanco -guitarra-, Luciano Esain -batería y coros-, Mariano López Gringauz -bajo- y Mariano “Manza” Esain -voz y guitarra-.

Elaborado a lo largo de casi dos temporadas, según recuerda Manza, “muchas ideas surgieron en la sala de ensayo, tenemos un método mixto a la hora de grabar: la base y mi guitarra son grabadas en vivo, mientras que la guitarra de Fernando, que es la que más se beneficia con un trabajo de laboratorio, se hace luego, más minuciosamente”.

Con “1.000 kilómetros” como primer corte, “El final...” encadena otras diez canciones: “Las espadas del sol”, “Una hoja en blanco”, “Las cosas perdidas”, “Esta vez”, “A un lado”, “La llave de los días mejores”, “Insomnio”, “La cura y el dolor”, “Reinvención” y “El final de las primaveras”. Todas guitarreras y emocionales. Los músicos afirman que “el disco suena un poco a todo lo que escuchamos, pero más que nada suena a nosotros, que ya hemos filtrado y procesado toda esa información”.

Es una “data” que ya han volcado en álbumes como “Días de suerte” (2005), “Folk” (2007) y “La autopista corre del océano hasta el amanecer” (2011).

Reconocido productor (hace poco fue reconocido con un Premio Konex), Manza se desdobló para estar de ambos lados del mostrador: “el cierre de ‘Insomnio’ es un cambio de perspectiva; como si estuvieras viendo a la banda de frente, y de pronto pasaras a escucharla desde otro lugar; o como en el cine, cuando hay un cambio de cámara. ‘El final de las primaveras’ era una canción chiquita a la cual un día le creció un final. Nunca habíamos hecho algo así y fue divertido. En ese tema, y varios más, la batería está grabada casi con un solo micrófono. También buscamos diferentes sonidos para la voz: hay un eco que permanece, en mayor o menor medida, pero no siempre se trata de un efecto digital… ¡A veces es un micrófono viejo que suena así!”.

“En temas como ‘Insomnio’ y ‘Esta vez’”, advierte Esain, “así como en el solo de ‘A un lado’ y en algún otro lugar del disco, está esa marea de guitarras que remite un poco a My Bloody Valentine; también hubo mucho trabajo con las baterías. Queríamos que hubiera distintos sonidos a lo largo del disco, ya desde la afinación del instrumento. Creo que el bajo es lo que menos cambia, y eso le da una solidez y consistencia a todo el trabajo”.

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