Casi dos décadas después de “Antiflash”, su tan inspirado como tumultuoso último disco de estudio hasta la fecha, Peligrosos Gorriones lanza “Microbio”. Se trata de una colección de once canciones inéditas que resucitan y aggiornan la mística que los platenses supieron cultuvar en los años ‘90: potencia, psicodelia sui géneris y letras ora sombrías, ora románticas, que esquivan los lugares comunes.
Tras el esperado regreso del grupo a las bateas con un álbum en vivo registrado en mayo de 2014 en el teatro Vorterix porteño, el cuarteto comandado por el bajista y cantante Francisco Bochatón comenzó a trabajar en un puñado de nuevas canciones que finalmente fueron grabadas en el estudio El Pastito y verán la luz a fines de este mes.
Como anticipo, la banda reveló “Penuria”, el corte de difusión del álbum, que tiene pasta de hit radial pero no tergiversa los rasgos que son su marca registrada.
“Nos juntamos después de muchos años y sabíamos que temas nuevos iban a aparecer, la cuestión era si íbamos a poder estar juntos. No nos habíamos visto por mucho tiempo, pero cuando apareció la música, nos dimos cuenta que éramos un grupo”, recuerda Bochatón.
El cantautor reconoce que con sus compañeros de ruta, el tecladista Martín “Cuervo” Karakachoff, el guitarrista Guillermo Coda y el baterista Rodrigo “Rocky” Velásquez, sintieron la necesidad de “cumplir el ciclo de vernos, tocar, trabajar en nuevos temas y limar algunas asperezas, antes de entrar a grabar un disco nuevo”.
“El aspecto humano fue una prioridad inevitable. No podíamos hacer un plan y cumplirlo. Las cosas se fueron dando. Después, era obvio que íbamos a hacer cosas nuevas. No podíamos estar tocando ‘Escafrandra’ todo el tiempo”, apunta Bochatón, quien agrega que “una vez que todo estuvo bien, los temas nuevos encontraron de manera natural su lugar”.
En ese sentido, destaca que el álbum en vivo grabado hace dos años “fue para blanquear, para plantear la realidad de que el grupo había vuelto y, además, para darnos el gusto porque nunca habíamos hecho un disco así, y estuvo bueno porque fue como hacer un setlist dentro de un disco”.
Una primera escucha de “Microbio” inmediatamente remite al recordado primer disco de Peligrosos Gorriones, de 1993, que llevó el nombre de la banda y fue producido por el bajista de Soda Stereo, Zeta Bosio, en donde se destacaban clásicos como “Escafandra”, “Cachavacha”, “Un ardiente beso”, “Siempre acampa”, “El bicho reactor” y “Honda congoja y pesar”, entre otros.
El acople de guitarra con el que abre “Microbio”, primer corte que le da el nombre al disco, deja en claro que el espíritu que dominó al denominado “Nuevo Rock Argentino” o “Movimiento Sónico” en los ‘90 está intacto. “Marcamos cuatro y Coda ya estaba tirando ese sonido, no para sobresalir sino porque es su estilo. Nos miramos y nos encantó eso. Nos dimos cuenta de que éramos el mismo grupo de siempre”, celebra Bochatón.
También hay ciertos paralelismos bien marcados, como si se tratara de continuidades entre viejas y nuevas composiciones, como ocurre con “Puertas adentro” y sus similitudes con “Siempre acampa”; sobre todo, a raíz del choque permanente entre una realidad apocalíptica y la necesidad de encontrar motivos para celebrar.
“Ambas canciones tienen esa parte en donde todo es críptico, todo está mal, pero en el estribillo hay una celebración a pesar de todo. Cuando escribí ‘Siempre acampa’, estaba muy copado con Girondo, entonces usaba muchas palabras en su estilo para la parte descriptiva, pero quería que el estribillo celebrara. Con ‘Puertas adentro’ pasa algo parecido”, explica el líder del grupo.
“En Peligrosos Gorriones se marca más este tipo de letras. Son muy distintas a las que hago como solista. La banda alimenta algunas partes agridulces, si se quiere. Lo que es sólo dulce, con Gorriones no lo hago. Bueno, ya el nombre del grupo habla de algo agridulce, ¿no?”, se plantea Bochatón.
Surgidos en 1991, los Peligrosos Gorriones irrumpiero en la escena nacional junto a Juana la Loca, Los Brujos, Martes Menta, Tía Newton, Babasónicos, El Otro Yo y Fun People, entre otros, una movida que fue bautizada como “sónica” y promovida como “Nuevo Rock Argentino”.
Tras un notable primer disco epónimo, el grupo editó “Fuga” (1995) y “Antiflash” (1997), antes de separarse.
“Yo siento que esa música no se valoró en su momento, pero no porque nosotros seamos unos iluminados y el público sea tonto, sino porque simplemente no había lugar. Fue una cultura ahogada, tapada por un mainstream muy fuerte”, considera Bochatón: “Nuevo Rock Argentino no era más que el título de un recital, aunque ahora veo que vino bien porque nos puso en un lugar”.
“Era lo que se necesitaba escuchar en esa época, pero lo nuestro no era contracultura, como el punk de Londres. No rechazábamos la tradición del rock argentino, no nos queríamos pelear con nadie, sólo hacer nuestra música”, esclarece: “algunos decían públicamente que no tenían nada que ver con las bandas de los ‘80. A nosotros no nos pasaba eso; es que no había un movimiento en común, cada uno tenía una cabeza bien distinta. De todos modos, está bien que se haya puesto un mote como referencia”.
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