Entre mediados de 2002 y 2003, los secuestros extorsivos tuvieron su pico más alto en Argentina, con bandas que tenían capacidad operativa para mantener cautiva a una víctima durante semanas y pedir fuertes sumas para liberarla.
Los nuevos casos son completamente distintos, tanto, que los investigadores los llaman secuestros “relámpago”. Los captores no tienen infraestructura y retienen a las víctimas en autos, en raptos que no duran más que algunas horas.
La víctima puede ser cualquiera que se mueva en un coche, sin importar el tipo de vehículo que sea, ni que la persona esté sola o acompañada. De hecho, han ocurrido varias capturas “múltiples”, con varias víctimas, algunas de las cuales son liberadas para que junten el rescate para el resto.
Estos secuestradores no parecen ser experimentados, sino más bien ladrones comunes que salen a buscar plata como sea.
Por ahora, en la Justicia y en el Ministerio de Seguridad descartan que los cambios anunciados en la Policía Bonaerense (relevo de decenas de comisarios generales y la exigencia de que los jefes presenten declaraciones juradas de bienes) tengan relación con esta seguidilla que estalló en marzo.
Voceros judiciales dijeron a la prensa que “sólo vemos algún caso aislado de un suboficial involucrado, pero nada estructural”.
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