Un ícono de la corrupción o una líder popular, sin medias tintas, son las versiones de Cristina Kirchner que se imponen por estos días turbulentos en la Argentina. La figura de la ex presidenta sigue despertando opiniones encontradas, sobre todo ahora que se encuentra frente a una parada crucial ya no sólo para su futuro político sino para su destino personal.
A raíz del avance de las investigaciones judiciales, es precisamente eso lo que empieza a jugarse la ex presidenta: su libertad personal. Sin embargo, el kirchnerismo toma su regreso a Buenos Aires como la salida de “la jefa” de los cuarteles de invierno patagónicos para intentar una vuelta al centro de la escena, soslayando que Cristina atraviesa un momento dramático.
Cualquiera que analice los pasos que vienen dando los jueces y fiscales con base en los tribunales federales de Comodoro Py, no podría pronosticar menos que un futuro sombrío para la ex presidenta. Especialmente, si los magistrados avanzan en la unificación de las causas por la denominada “ruta del dinero K” y la ubican a la cabeza de una “asociación ilícita”.
Tras la declaración del “arrepentido” Leonardo Fariña ante el juez Sebastián Casanello, minuciosa en detalles sobre los negocios turbios del empresario Lázaro Báez –muy cercano a la familia Kirchner-, la posibilidad de que la ex presidenta termine procesada y detenida no es menor. Tampoco zafaría de esta situación Julio De Vido, un hombre clave en el engranaje K.
De hecho, quienes conocen la política de Santa Cruz suelen decir que Néstor y Cristina Kirchner no hicieron otra cosa que replicar, a nivel nacional, lo que habían hecho anteriormente en la provincia patagónica. Allí montaron un esquema de negocios basados en la obra pública, con personajes circundantes como los propios De Vido, Lázaro Báez y también Cristóbal López.
Otros funcionarios de los gobiernos kirchneristas, como el ex vicepresidente Amado Boudou, se agregaron a ese sistema pero no son “pingüinos originales”, por lo que los delitos que se les imputan son de otra índole. A su vez, Axel Kicillof comparte con Cristina Kirchner la acusación del juez Claudio Bonadío, un feroz cruzando anti K, en la investigación sobre el dólar futuro.
Pero esa causa, por la que Cristina Kirchner será indagada mañana si es que la sala II de la Cámara Federal porteña no decide apartar al magistrado, no es precisamente la que más inconvenientes le puede provocar a la ex presidenta. Pero su primera visita programada a los tribunales de Comodoro Py podría convertirse en un adelanto de otras excursiones obligadas.
En el plano político, la ex presidenta subirá la escalinata de Comodoro Py sin ser ya la líder indiscutida del peronismo, como lo fue desde la muerte de Néstor Kirchner, a finales de 2010, y el día en que se despidió de la Casa Rosada, sin traspasar la banda y el bastón a Mauricio Macri. Es que el partido que fundó Juan Perón inició un vertiginoso proceso de transición.
Tanto es así, que ayer mismo el bloque de senadores del Frente para la Victoria emitió un comunicado utilizando la sigla tradicional del PJ en lugar de la kirchnerista FpV para solidarizarse con la ex presidenta, con lo que dio un mensaje de diferenciación que está cada vez más explícito entre los integrantes de la bancada que conduce Miguel Angel Pichetto.
Anteriormente, el FpV se había partido en la Cámara de Diputados, mientras que el PJ nacional busca cerrar una fórmula de conducción con José Luis Gioja y Daniel Scioli que no contempla por el momento lugares de privilegio para La Cámpora. Esa movida está piloteada por los gobernadores justicialistas, que optaron por mantener diálogo con el presidente Macri.
Al gobierno de Cambiemos, en tanto, los próximos dos días lo obligarán a caminar con pies de plomo, sin sobreactuar la lucha contra la corrupción, para evitar que la ex presidenta se victimice en términos políticos. Aunque Macri fue claro ayer –en un acto en el partido de San Martín, previo al viaje de Cristina- cuando se manifestó a favor de un país “sin impunidad”.
Por tratarse de días en los que la tensión política salta a la vista, el entorno presidencial se puso muy celoso respecto de su seguridad, lo que hoy mismo podría reiterarse en Quilmes, donde se reunirá el Gabinete nacional con un temario de anuncios para la provincia de Buenos Aires. En ese contexto, el gobierno debería empezar a enderezar el rumbo de la economía.
El malestar por la disparada de la inflación se está haciendo generalizado. Y una vez que se dilucide la suerte de Cristina, el país quedará a la espera de que el actual presidente y su equipo de gobierno garanticen un futuro con menos sobresaltos. Todo esto, si el macrismo no cae en la tentación de utilizar a la ex presidenta como una contrafigura dado su desprestigio.
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