Ubicado al noroeste de la península de Yucatán, la principal evidencia de que un bólido gigante golpeó a la Tierra hace 65 millones de años fue descubierta en forma accidental a mediados del siglo pasado durante una exploración de la firma Petróleos Mexicanos (Pemex).
Lo geólogos de la empresa petrolera mexicana detectaron bajo el mar una anomalía geofísica: una estructura semicircular de unos 200 kilómetros de diámetro.
Sin embargo no fue hasta principios de la década del noventa que los ingenieros de Pemex Antonio Camargo y Glen Penfield confirmaron que se trataba de un cráter posiblemente causado por el impacto de un meteorito. Y en 1992, otra investigación determinó, mediante estratigrafía magnética, que la edad del cráter se correspondía con la del momento en que se produjo el cataclismo del Cretácico.
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