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Asaltó una panadería y en la fuga efectuó un disparo hacia el local

Ocurrió en 17 y 38. El proyectil rompió el vidrio de la puerta de entrada. No hubo heridos
Un vidrio agujereado por disparo. Fue en una panadería de 17 y 38, donde quedó el miedo

Por Redacción

Era un robo más para un par de motochorros que andaban por La Loma. Ambos tenían enfrente a dos mujeres, pero aún así las abordaron con violencia, porque las amenazaron, a una la encañonaron en la cabeza, le arrancaron una cadenita del cuello y hasta le pegaron un tiro a la puerta mientras se iba.

Mientras el cómplice esperaba ansioso en 17 y 38 que todo saliera como lo planeaban, el otro delincuente no medió ninguna simulación hasta empezar con las amenazas de siempre. Eran poco menos de las 19.30 del martes.

Ese ladrón había llegado caminando. “Tenía buen aspecto, estaba bien vestido y perfumado”. El segundo, que se bajó de una moto y se sumó al asalto enseguida, presentaba un aspecto más desaliñado. Ambos aprovecharon que no había clientes y comenzaron a obligar a las jóvenes a darles todo. Cada uno empuñaba una pistola.

“A mí me sacaron el reloj, un anillo y me arrancaron la cadenita”, contó una de las empleadas de la panadería.

Ella fue quien peor la pasó. Además de que le sacaron lo suyo, la encañonaron en la cabeza y la forzaron a entregar su celular. Pero ella se negó y no se lo dio.

Los delincuentes ya se habían apropiado de la plata de la recaudación -no trascendió de cuánto dinero se trataba- y también “revisaron todo”, según contó otra empleada de la panadería. Pero así y todo parecieron haberse quedado con alguna bronca.

Ese enojo aparente quedó plasmado en que uno de los delincuentes, cuando ya se iban para la calle, apuntó primero a una heladera y luego a la puerta de entrada del local. Tiró del gatillo y el balazo pegó en el vidrio de la entrada. Ayer a la tarde aún se podía ver la marca del proyectil. “Tenían el arma preparada para tirar”, consideró la joven que peor la pasó, que accedió a contar lo sucedido a cambio de que su identidad y su imagen se mantuvieran en reserva.

“Encima esta no es la primera vez que pasa, porque ya tuvimos otros dos robos. Obviamente no podemos dejar de trabajar. Pero a veces venimos sin saber lo que puede llegar a pasar”, reflexionó la otra empleada.

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