La intensa crisis política que se adueñó de Brasil mantiene en vilo el rumbo económico del país, sumido en una recesión con pocos precedentes y confiado en una hipotética recuperación que dependerá del desenlace de la tormenta institucional. Con la presidenta Dilma Rousseff amenazada con la apertura de un juicio político y un Congreso totalmente fragmentado, los analistas auguran que la economía brasileña no comenzará a ver la luz al final del túnel hasta que el proceso contra la mandataria se resuelva.
Aunque incluso entonces, coinciden, la falta de una agenda con medidas a largo plazo compromete el futuro de la que todavía hoy sigue siendo la mayor economía de América latina.
“El Gobierno no tiene un proyecto con reformas profundas, sino sólo medidas pequeñas, laterales, sobre temas muy específicos”, explicó Marcos Lisboa, presidente del Instituto Insper y ex secretario de política económica durante el primer mandato de Luiz Inácio Lula da Silva (2003-2010). Una opinión compartida por Luiz Carlos Barnabé, profesor y miembro del Consejo Regional de Economía de San Pablo (Corecon), que sostiene que el Ejecutivo “nunca propuso un plan económico de inicio a fin, sino que fueron medidas más bien mediáticas”. El año pasado, el gabinete de Rousseff lanzó un paquete de recorte de gastos y alza de impuestos con el que busca enderezar sus debilitadas cuentas públicas, que acumulan números rojos y que cerraron 2015 con un déficit primario de 111.249 millones de reales (unos 30.936 millones de dólares), su peor resultado en 14 años. Sin embargo, muchas de estas propuestas están paralizadas en el Congreso, cuya actividad está copada con el juicio político contra la presidenta, lo que ensombrece todavía más el escenario económico.
La proyección del Gobierno era terminar 2016 con un superávit primario equivalente al 0,5 % del PBI, pero el mes pasado el ministro de Hacienda, Nelson Barbosa, anunció una nueva propuesta que altera esta meta y la convierte en deficitaria, hasta el 1,5 % del PBI. Pero, dicen los expertos, el mercado “no cree” en estos pronósticos por “la falta de fundamentos económicos de las promesas”, que son parte del proyecto lanzado por el anterior titular de Hacienda, Joaquim Levy, apodado “manos de tijera” por su apego al ajuste. Y concluyen: “El riesgo que se corre en 2016 es repetir una recesión del tamaño de la de 2015”, cuando la economía brasileña se encogió 3,8%, su peor resultado en el último cuarto de siglo.
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