Un día volvió Cristina Kirchner. Una arremetida judicial la sacó del ostracismo que se había autoimpuesto en la ventosa y lejana Santa Cruz, mientras transcurrían los primeros meses de gobierno de Mauricio Macri. La ex presidenta se vio obligada a presentarse en los tribunales de Comodoro Py y aprovechó la oportunidad para salir nuevamente a la escena política nacional.
Con su oratoria de tono épico intacta, la ex mandataria recitó el mismo libreto de siempre, con críticas a los jueces, los medios de comunicación y los sindicalistas. Pero lo novedoso es que le agregó una propuesta para armar un “frente ciudadano” que se agrupe y “reclame a sus representantes”. Traducción: que haga sentir la presión social sobre el Congreso de la Nación.
ACTOR CLAVE
La ex jefa de Estado sabe que el Parlamento es un actor clave de la política argentina, al menos mientras la alianza gubernamental Cambiemos no obtenga mayorías y continúe requiriendo del consenso opositor. También calcula Cristina Kirchner que los bloques que no comulgan con el oficialismo se podrían embarcar en algunas iniciativas conjuntas que incomoden al gobierno.
En ese pensamiento de la ex mandataria habría un hecho auspicioso: el reconocimiento de otros sectores políticos como posibles aliados, sin apelar a la subordinación tan característica de sus dos períodos de gobierno. Aunque hay otra lectura posible: la dama creería que el PJ ya no responderá a sus directivas y por ende trata de saltar el cerco de la estructura partidaria.
Como fuera, en su reaparición Cristina Kirchner no se privó de manifestar deseos inconscientes, que esta vez sacó a la superficie: “Tendríamos que hacer una jornada de reflexión, sin diarios, televisión o radios”, dijo a modo de invitación a los ciudadanos, ya que a su criterio son víctimas de medios de comunicación que “les picaron la cabeza durante años”.
SIN AUTOCRITICA
Profundizando ese argumento, la ex presidenta aseguró a los miles de militantes que la escucharon frente a los tribunales federales que no deben “enojarse” con vecinos o familiares que piensan distinto de ellos, porque tal vez no tengan la “capacidad” para hacer frente al “discurso hegemónico”. Pero no hizo ni una mínima autocrítica por la derrota electoral.
En cambio, se presentó como un “obstáculo” al que habría que sortear –vía judicial, sugirió- para quitar los “derechos adquiridos por el pueblo” durante su gestión. En esa misma línea, dijo que la Argentina y la región sudamericana atraviesan por “procesos moralizadores”, a los que endilgó una connotación negativa, alejada de la demanda social contra la corrupción.
La ex presidenta habló ante un auditorio de fieles, que la aplaudieron desde el mismo momento en que empezó su discurso con un simple “muchas gracias”. Ellos aportaron alguna dosis de ingenio con críticas al juez Bonadío -”Cristina es del pueblo y no la toca nadie”, corearon-, utilizando la conocida canción futbolera que empieza diciendo “Jugadores...”.
También cantaron “el que no salta tiene una cuenta en Panamá” y se preguntaron, de forma sarcástica, si lo habían visto a Bossio (por Diego, el diputado que abandonó el bloque del FpV) en la concentración. El cotillón se completó con Víctor Hugo Morales haciendo su programa de radio en vivo en el lugar y con Guillermo Moreno llevado en andas por fornidos sindicalistas.
En medio de la puesta en escena típica del kirchnerismo, que tuvo a La Cámpora como directora de orquesta, aparecieron algunos carteles con consignas menos marquetineras. Por caso, una mujer de mediana edad portaba una cartulina –mojada por la lluvia constante- con una pregunta simple: “¿Somos nosotros los que tememos...o nos tienen miedo a nosotros?”.
Desde el escenario, montado en el tráiler de un camión, Cristina Kirchner pareció ensayar su propia respuesta: “Quiero que estén todos tranquilos. Me van a citar 20 veces más. Me podrán meter presa. Pero no me van a hacer callar”, advirtió y para sorpresa de todos, se comparó con el ícono radical Hipólito Yrigoyen. De la causa del “dólar futuro”, no dijo absolutamente nada.
Desde donde habló la ex presidenta, se podía ver el imponente edificio del hotel Sheraton, aunque sólo por la mitad porque el resto estaba cubierto por la niebla. Hacia el final del discurso, dejó de llover y salió el sol. Los militantes empezaron a desconcentrarse satisfechos por el regreso de “la jefa”. Y se permitieron bromear: “¡Llamá a Uber loco!”, gritó uno de ellos.
Cristina los había vuelto a convocar, aunque ahora en medio de un difícil trance judicial. Frente a las acusaciones presentes y las que vendrán, la ex presidenta confirmó que su descargo será enteramente político. Una forma de mantenerse activa y de reunir apoyo en defensa propia.
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