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Un creador inolvidable

Por Redacción

Por

ALEJANDRO CASTAÑEDA

Fue un melodista fuera de serie, dueño de una obra inigualable y copiosa. Fue actor, director musical, arreglador y sobre todo un artista que concibió su obra y su vida como un gran espectáculo. Estuvo en la radio, en la compañía de revistas, en el cine y en la TV. Sus temas le pusieron el mejor marco a un dos por cuatro que lo tuvo como uno de sus creadores más altos y más reconocidos. Se va con Mores el último grande de una época irrepetible. Empezó a los 14 años como pianista en la década dorada del tango. Y se afirmó junto a Francisco Canaro, de quien heredó seguramente su impronta. Mores puso a los escenarios teatrales muy por encima de los bailongos de barrio. Y los tangueros más ortodoxos, siempre celosos de sus códigos y sus contraseñas, lo miraron siempre de reojo. Lo calificaban como un artista que estaba lejos de la sobriedad desgarrada que parece necesitar la música de Buenos Aires. Al Mores director le gustaba llenar la escena con sus bailarines. Y llamaba la atención por sus ocurrencias escénicas, sus smokings, sus despliegues y su modo de ejecutar el piano, brillante, engolosinado y efectista. Pero todo eso fue eclipsado por la belleza incomparable de sus melodías y la buena elección de los poetas que eligió para que le pusieran letra. Mores le dio colosal soporte a las tristezas derrotadas de Discépolo (“Uno”, “Cafetín de Buenos Aires”, “Sin palabras”) al pincelazo lírico de Homero Manzi (“Una lágrima tuya” ) al romanticismo sublime de José María Contursi (“En esta tarde gris”, “Gricel”, “Cristal”), al costumbrismo de Cátulo Castillo (“Patio de la morocha”) y a los trazos melodramáticos de los versos de Rodolfo Taboada (“Frente al mar”). Pero su música fue tan inspirada, que aún sin necesidad de poetas, dos de sus temas instrumentales han ganado en buena ley un lugar entre las grandes composiciones del dos por cuatro: “Taquito militar” y “Tanguera”. Ayer dijo adiós cuando estaba cerca de llegar a su centenario. Fue un día lluvioso que parecía haberse copiado de los versos que le hizo Contursi: “Qué ganas de llorar/en esta tarde gris/ en su repiquetear/ la lluvia habla de ti”.

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