Por
NICOLAS ISASI
Proveniente de una familia de artistas, sus padres eran bailarines y su abuelo era flautista y director. Fue el primero que vio en Marianito un futuro talento musical. Oriundo del barrio de San Telmo, era el mayor de 7 hermanos. Esa quizás fue otra paradoja musical: una nota para cada hermano. Estudió piano de forma particular y luego siguió sus estudios en el Conservatorio D’Andrea. En 1929 la familia se traslada a España y Mariano obtiene una beca en la Universidad de Salamanca. De vuelta en Argentina, continuó estudiando piano en la Primera Academia Argentina de Interpretación dirigida por Luis Rubinstein. Allí también estudiaban dos hermanas que pronto serían parte de la familia: Margot y Myrna Moragues, su futura esposa. Para 1938, el Trío Mores ya es todo un éxito. Como fruto de ese incipiente amor compone “Cuartito azul” en 1939. Un tango que hace referencia a un lugar azulino en donde vivía el propio Mores, con letra de Mario Battistella.
Al poco tiempo, Mariano conoció al uruguayo Francisco Canaro (1888-1964), compositor, violinista y director de orquesta que para entonces ya era reconocido en el mundo del tango en el país e internacionalmente. Canaro sin dudarlo hizo entrar a Mores a su orquesta y allí comenzaron muchos tangos que se convertirían en grandes éxitos, como: “Gricel”, “Uno”, “En esta tarde gris” o “Sin palabras” hasta su última participación en 1948. En ese mismo año, compone otro emblema del tango que fue “Cafetín de Buenos Aires” con la letra del gran Enrique Santos Discépolo (compositor de “Cambalache). Este tango deja en claro la importancia del café como un elemento principal en la cultura porteña: “cómo olvidarte en esta queja, cafetín de Buenos Aires, si sos lo único en la vida que se pareció a mi vieja…”. El carácter percusivo y enérgico de su “Taquito militar” (1952) tiene una impronta llena de vida y alegría que incita a la danza desde el primer compás. La orquestación fue uno de los grandes pilares en su carrera y supo manejarla como pocos en el género. Su proyecto más ambicioso fue encarar su propia orquesta y lo que se consideró como tango sinfónico. De ahí que la crítica extranjera llegó a denominarlo “el Gershwin argentino”. Entre sus logros siguientes se encuentran el concierto en el Lincoln Center de Nueva York, con la cantante Ruth Durante y Raúl Lavié. «Uno» y «Adiós pampa mía» figuran entre los diez tangos más difundidos en el mundo, por los que recibió 26 discos de oro y platino y el fue elegido, en una encuesta realizada en el 2000, como uno de los mejores compositores de tango del siglo.
Casualmente, su nieto Gabriel que se presentó en la ciudad de La Plata la semana pasada con un show en el Teatro Coliseo Podestá junto a la orquesta de su abuelo, fue el encargado de anunciar la triste noticia a través de las redes sociales. Y como familia y afecto nunca le faltaron, también lo recordó su otra nieta, Mariana Fabbiani, más conocida en el mundo del espectáculo por su rol como conductora en diversos ciclos televisivos. Respetado por sus pares y honrado por su público, Mores fue un maestro que supo entregar y representar el tango en cada una de sus actuaciones. Así fue que en este azul de frío, con 98 abriles, este chiquilín del tango partió, dejando un legado que seguirá vivo por siempre.
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