La salida del default ya es cuestión de días. El último obstáculo, como se sabe, fue removido con la decisión de la Cámara de Apelaciones de Nueva York de ratificar el levantamiento de las inhibiciones que impedían hasta ahora concretar el pago a los holdouts. El Gobierno tiene ahora todo listo para emitir bonos por unos 15 mil millones de dólares y cancelar esa deuda de una vez.
La pregunta, entonces, se actualiza: ¿Qué país nos espera después del default? ¿Habrá cambios rápidos, notorios, sustanciales en la economía argentina? ¿Se notará en los bolsillos de la gente, en la generación de empleo, en planes de obra pública?
Ya se ha escrito en las páginas de EL DIA: nada ocurrirá de un día para el otro. Los economistas coinciden en que la solución del litigio con los holdouts (o los denominados fondos buitre) es un paso indispensable para proyectar la economía hacia un horizonte de crecimiento. Pero cumplir con esa condición indispensable no implicará resultados mágicos. Si bien es necesaria, no es la única condición que requiere el saneamiento económico de la Argentina.
En análisis anteriores se ha graficado la situación con una imagen que resulta gráfica: superar el default es como salir del Veraz; una suerte de “lista negra”. Un ciudadano que está en el Veraz tiene cerradas todas las oportunidades de crédito; no puede financiar sus deudas; ni siquiera usar la tarjeta para pagar en el supermercado. Un país que está en default, y que persiste en esa situación, enfrenta -en proporción- dificultades similares. No puede obtener ayuda financiera y queda al margen del sistema de crédito internacional al que acceden todos los países. Obtener créditos, para una economía, es la única forma de plantearse objetivos de crecimiento y desarrollo. “Vivir con lo nuestro” -explica la mayoría de los economistas- es un objetivo que limita todas las posibilidades de un país.
Con la misma comparación, debe decirse que salir del Veraz no implica -automáticamente- pasar a una situación de prosperidad. En todo caso, abre la puerta para que un ciudadano, si se administra bien y responsablemente, empiece un proceso de mejora de su situación.
Lo mismo, en términos muy elementales, cabe esperar para la Argentina. Una vez que quede atrás el prolongado default, surgirán posibilidades de tomar financiamiento exterior, de atraer inversiones y de empezar a mover una rueda virtuosa de la economía.
Cuando se les pregunta a los economistas en qué plazos se notarán los beneficios de esta normalización, las respuestas no son unánimes. Los más optimistas hablan del próximo semestre; los más cautos de los próximos dos años.
Desde el punto de vista financiero, ya empiezan a advertirse señales alentadoras. Los bonos argentinos que cotizan en el exterior han mejorado en un 8 por ciento en el último mes, cuando los mercados empezaron a dar por descontado el acuerdo que está a punto de cerrarse. Al subir los bonos, baja la tasa de interés que el país debe pagar para conseguir financiamiento en el exterior. En términos sencillos, se consiguen créditos más baratos.
El Gobierno cree que de esta forma podrá acceder al financiamiento que necesita para empezar a ejecutar un ambicioso plan de obra pública en todo el país: desde rutas y puentes hasta tendido de redes cloacales y planes de vivienda. Eso, a su vez, generaría una mayor demanda de mano de obra.
¿Ayudará el acuerdo con los holdouts a bajar la inflación? Algunos expertos creen que sí
Los economistas de Cambiemos ven la salida del default como un nuevo y decisivo eslabón de lo que definen como la cadena de normalización económica: el primero fue la salida del cepo y la devaluación; el segundo el ajuste de tarifas, que el Gobierno define como “sinceramiento” de variables.
Aseguran que con la salida del default se completa un ciclo de medidas necesarias (admiten que algunas han sido “dolorosas”) para encarrilar la economía hacia una senda de crecimiento y estabilidad. ¿Será así? En este punto, las respuestas no son unánimes.
Uno de los mayores problemas de la economía pasa ahora por el alto índice de inflación. Creen que en abril, la suba de precios podría alcanzar un 6 por ciento. Sería el mayor salto en muchos años.
¿Ayudará el acuerdo con los holdouts a bajar la inflación? Algunos expertos creen que sí. Sostienen que la salida del default permitirá mantener “a raya” la cotización del dólar, y aseguran que eso es clave para frenar la suba de precios.
Hay otros economistas que no están tan seguros. Aún algunos que defienden el acuerdo con los holdouts, ven más claro que eso ayude a atraer inversiones y a obtener financiamiento pero no que contribuya a frenar la escalada inflacionaria, al menos en el corto plazo.
Entre empresarios e inversores, se analiza con optimismo el escenario “post-default”. Sin embargo, reconocen que la “lluvia de dólares” no se producirá de manera inmediata. “Hay mucho interés por invertir en la Argentina. Pero los proyectos no se concretan de un día para el otro”, advierten. Reconocen, además, que los inversores están atentos a la evolución de la economía argentina pero también a factores de naturaleza política.
Una señal, por ejemplo, que tuvo fuerte impacto en el monitoreo sobre la situación del país fue la aprobación en el Congreso, con holgadas mayorías, de la ley que habilitó el acuerdo con los holdouts. “Eso da señal de estabilidad política y de previsibilidad”, subraya un analista. Creen que muchos estarán atentos a ver si eso se consolida en el próximo semestre.
Frente a los mercados e inversores internacionales (ante “el mundo”, como se simplifica habitualmente), los antecedentes de la Argentina no son del todo alentadores. Hay un cambio que ahora se empieza a valorar, pero no significa que el país no siga durante bastante tiempo “en observación” a la hora de definir inversiones o acordar líneas de crédito. Con la salid del default, en definitiva, se da vuelta una página. Habrá que ver cómo sigue la historia.
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