El destino de la presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, en una votación sobre un juicio político que se celebrará este domingo en el Congreso, se está decidiendo en acuerdos forjados en comidas celebradas en hoteles de lujo de Brasilia, donde la corriente se ha vuelto de forma decisiva en su contra. La supervivencia de Rousseff depende de que convenza al menguante número de legisladores indecisos que está siendo también cortejado por sucedería a la mandataria si es depuesta, el vicepresidente Michel Temer.
Las intensas negociaciones de ambas partes se están celebrando no sólo en sedes oficiales, sino también en cafeterías y pasillos del Congreso, así como en restaurantes de la capital. En el lujoso hotel Royal Tulip -un edificio rojo con forma de herradura y suelos de mármol que es la segunda casa de la elite política en Brasilia-, el ex presidente Luiz Inácio Lula da Silva estableció una especie de búnker con el objetivo de salvar a Rousseff, su ahijada y sucesora. La mandataria se enfrenta a un posible juicio político acusada de maquillar los balances presupuestarios de 2014 y 2015, y su posición se debilitó aún más por una profunda recesión y un gigantesco escándalo de corrupción en torno a la compañía estatal Petrobras.
Rousseff niega haber cometido ilegalidades y calificó el proceso como un “golpe” para echar del poder a su Partido de los Trabajadores (PT), que ha ganado cuatro elecciones presidenciales seguidas. La situación sigue abierta, indicaron legisladores, pero hay una sensación creciente de que ni siquiera las reconocidas habilidades negociadoras de Lula -que llegó de líder sindical a ser el primer presidente brasileño de origen obrero- podrán asegurar los dos tercios de votos necesarios para salvar a Rousseff en Diputados (342 de 513 votos). El PMDB es la mayor fuerza en el Congreso y rompió con Dilma el mes pasado, tras pasar una década en la coalición gobernante. En los últimos días, varios partidos pequeños siguieron su ejemplo, decantándose por respaldar el juicio político. El arma principal del Gobierno es su capacidad de ofrecer cargos en ministerios con enormes presupuestos a los legisladores a cambio de su lealtad, además de un aumento del gasto para sus proyectos favoritos. Pero estos alicientes solo funcionarán si se convencen de que Rousseff sobrevivirá, algo que está ocurriendo cada vez menos.
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