El libro de las periodistas Laura Ramos y Cynthia Lejbowicz, un retrato a fondo de los protagonistas de la década más desfachatada, efervescente y consagratoria del rock local, vuelve a librerías argentinas en una nueva edición corregida y actualizada.
El libro (Aguilar), que en su momento fue leído casi como una bitácora, conjuro de una década que debía resguardarse y tratado de anti modales en el rock, reaparece 25 años después con la capacidad y eficacia de resignificar una época atravesada por canciones, excesos, amores, camarines, trasnoches y escenas delirantes tanto arriba como debajo del escenario, cuando la expresión de moda más recordada para celebrar un evento era “¡mató!”.
La fotografía de tapa que corrió por cuenta de Alejandro Kuropatwa capturó el derroche de actitud de Charly García, Fito Páez, Gustavo Cerati y Fabiana Cantilo, mirando a cámara con poca modestia, todos alrededor de un sofá rojo, imagen emblemática que quedó impregnado en la retina de una generación completa que descubrió de una vez y para siempre los entretelones de sus ídolos locales.
CUESTION GENERACIONAL
Las autoras lograron diseccionar, en estas páginas, como nunca nadie antes, las figuras más talentosas del rock vernáculo de los 80, a quienes se los puede ver a fondo, como en una radiografía, seres tan sólidos como vulnerables, tan intensos como encantadores.
Botellas que vuelan por el aire en antros de dudosa reputación, tres camiones del ejército que se llevan detenidos a todos los asistentes a un recital de rock, la canción Peperina como soundtrack de toda una era, trajes hechos con cortinas de baño para la indumentaria de las Bay Biscuits y ciudades de utilería creadas por Renata Schussheim para los conciertos de Charly García impregnan como postales las páginas de este libro.
Pero también Fito Páez y Fabiana Cantilo enamorándose en una cocina, Pipo Cipolatti a cargo de la instalación eléctrica de Café Einstein o Andrés Calamaro dando sus primeros pasos en la música en un grupo que hacía covers y leía el Nuevo Testamento en vivo, todos ex adictos recuperados del Cenareso (hoy Sedronar), van hilando las largas noches de esta década.
Una generación entera que creció escuchando a esta cantera de ídolos vio en este libro un refugio de época, lo leyó con fruición, lo usó para resguardar sus pocos ahorros, o lo subrayó hasta el cansancio, capítulo tras capítulo, dedicado cada uno a un año de 1980 a 1989, con testimonios en los márgenes y una cronología al pie de página de acontecimientos políticos.
“Y sólo escribí la mitad de lo que vi..”, es la frase elegida por las autoras en el inicio para marcar el tono del relato ambientado en casas, pubs, salas de ensayo, giras, fiestas, cocinas y hoteles, donde todo estaba sucediendo y por suceder, el momento exacto -para muchos- de dejar atrás el under y abrazar la consagración.
Editorial: Aguilar
Páginas: 224
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