Jorge (49), un artesano que vive en una casaquinta del barrio El Rincón, en City Bell, estaba antenoche bajando algunas cosas de su auto para llevarlas a su vivienda.
Sin que lo supiera, sus movimientos eran seguidos de cerca por dos motochorros encapuchados que segundos después fueron por él.
“Pensaba en esos momentos darle de comer a mi perro, ya eran las 22.30 del jueves. Pero los ladrones aprovecharon que la puerta de reja había quedado abierta de par en par y se metieron”, relató la víctima a este diario.
Al verlos, comprendió que esos desconocidos iban a asaltarlo. Lo que no imaginó fue que, además, iban a atacarlo físicamente de manera tan despiadada.
DE RODILLAs Y A CULATAZOS
Sobre este punto, comentó que “me obligaron a ponerme de rodillas y uno de ellos me colocó la pistola en la cabeza. Con el arma me pegaron dos culatazos en la cabeza y otro en un codo”.
Por los golpes en la cabeza, indicó el hombre, “me provocaron una herida sangrante, por lo que cuando se fueron tuve que hacerme atender en el hospital San Roque, de Gonnet, donde me dieron tres puntos de sutura”.
También hizo saber que “me pedían a cada instante que no los mirara y que les diera toda la plata que tenía”.
Pero este artesano, que tiene su taller en su domicilio, les respondió que todo el dinero que había en el lugar “eran los 2.000 pesos que estaban arriba de una mesa” y con los que posteriormente huyeron los asaltantes al cabo de cinco minutos que parecieron eternos.
LE DISPARARON A UN VECINO
Asimismo, Jorge contó que cuando los delincuentes se disponían a irse “un vecino se dio cuenta de que me estaban robando y preguntó a los gritos si estaba bien”.
La situación enfureció a los motochorros, quienes, según contó el damnificado, “me encerraron con llave y cuando se iban le dispararon a mi vecino cinco tiros, aunque por suerte no le pegaron ninguno. Pero me dijo que le pasaron cerca”.
Al parecer, ambos ladrones circulaban en una moto Gilera Smash, que aceleraron a fondo para alejarse de la zona.
“Pese a que tenían buzos con capuchas puestas y ocultaban además sus rostros con bufandas, calculo por sus voces que serían pibes de unos 20 años”, citó el artesano.
También manifestó que le llamó la atención que tuvieran “un lenguaje correcto”. Y refirió que “ese mediodía (del jueves) algunos vecinos vieron a sospechosos en moto y avisaron al 911, pero no llegó ningún policía”.
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