La renuncia del decano de Agronomía -que había dicho que sólo se tomaba una licencia y había descalificado versiones sobre una hipotética renuncia al cierre de ese paréntesis- es, en realidad, un síntoma de una telaraña de incomodidades y cortocircuitos que se ha tejido en la Universidad por los groseros alineamientos partidarios. El decano Daniel Scatturice había actuado como un militante K y eso lo puso en una situación finalmente insostenible en su propia facultad, donde los resortes institucionales no son tan monocromáticos como los de Periodismo. Pero no es el único “ruido” que han provocado en la Universidad los alineamientos K. Aquella declaración previa al ballotage que firmaron el presidente, los vicepresidentes y todos los decanos, menos la de Medicina, ha dejado heridas que todavía no terminan de cicatrizar. Esta semana, también hizo ruido el silencio del consejo superior y, en particular del rectorado, sobre el polémico “asueto partidario” que dispuso Periodismo para que docentes, no docentes y estudiantes fueran al acto de Comodoro Py en apoyo a Cristina Kirchner. No fue muy sorpresivo, en rigor, para quienes recordaron que el propio patio del rectorado fue usado en la última campaña electoral como escenario de actos del kirchnerismo.
La renuncia de Scatturice no es, por tanto, un asunto que sólo impacte en Agronomía. Tiene que ver con una atmósfera enrarecida que atraviesa a la Universidad.
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