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A ser nada

Por Redacción

Hablar del ocio creativo: ¿Es necesario hacer nada? ¿Existe hacer nada? ¿A dónde nos lleva?

Por JOSE SUPERA
ESCRITOR

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Un semáforo incendiándose de luces rojas. Los segundos cuentan hacia atrás. ¿Cuándo fue que empezamos a suplicar por el tiempo que nos falta para que falte más tiempo? Cómo llegamos a tener que medir lo que nos falta, para arrancar, para volver a frenar. Me tocan bocina. El semáforo ahora en verde. Lo miro por el espejo retrovisor. Lo miro y es una mirada que se incendia hacia la bocina invasora, hacia el desconocido. Estoy obstruyendo el paso. Sigo pensando qué hacemos con nuestros tiempos muertos, o tiempo libres. Por qué es que enseguida pienso en la muerte. De qué sirve el tiempo libre, el tiempo muerto, esa es la pregunta.

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El planteo será simple. Hablar con tres exponentes de diversos campos en donde todo el tiempo se maneje el ocio para la actividad creativa. Ocio, tiempo libre, para que después venga la producción, la cosecha, el fruto creativo.

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Nuestro primer exponente: Indalecio Demo, creativo publicitario, director de la agencia Pueblo Imán. “Con respecto al ocio, lo que me sale comentar, es que no habría que confundirlo con sedentarismo. En general, las ideas aparecen cuando estoy pensando. Pero puede ser que esté quieto, concentrado, y no ser productivo en ese preciso momento, o puede ser que esté en un ‘recreo’, entreteniéndome con algo, y de manera remanente, llegue la idea, pensamiento o atención flotante, que le dicen. Cuando trabajaba en la agencia internacional McCann Erikson, hacíamos campeonatos de metegol al mediodía. Servía para distraerse, mucho, pero después sentíamos la presión del director creativo, y había que llegar a la idea. En Puebloiman, las pausas se dan de manera más natural, pensamos entusiasmados hasta que el descanso toca la puerta, paramos, y después seguimos. Siempre es necesaria la pausa, cuánto tiempo, o cuánto te distraiga, es parte da la efectividad del proceso creativo”.

‘Ocúpate de tu deseo’ sería la máxima psicoanalítica, y en esto cada cual avanza como puede. En este sentido no habría tiempo libre, sino tiempo conquistado”

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Y entonces no me queda otra que jugar a la PS4. El dispositivo al encenderse apaga algo en mí. Me conecto con un Ronaldo hecho de bits. Soy Ronaldo virtual. Encaro hacia el arco. Una línea recta, me olvido de todo, corro con la pelota en la pantalla. Mis manos sostienen algo más que el joystick, que vibra como vibra mi cuerpo, soy Ronaldo, pateo, la clavo al ángulo.

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Nuestro segundo exponente: el artista plástico Juan Manuel Fiuza, que me dice: “En general siento que tengo mucho tiempo libre entre el parto, pongamoslé, de un cuerpo de obra o como para una exposición y el encare de una nueva producción. Entre eso se desarrollaría el ocio, pero que en realidad se convierte en un ocio precreativo, porque surgen todo el tiempo nuevas significaciones y existe cierta necesidad en combinación con la puta ansiedad desregulada que impide el relajo propio del ocio. Para ser concreto: estoy siempre elaborando algo. Lo que me cuesta últimamente es materializar esa cantidad de info y me quedo mucho en ese estado que hablé anteriormente: el precreativo o de elaboración, en definitiva, no sé cómo encarar el ocio, como encausarlo o manejarlo, y creo que de eso se trata un poco”.

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Todo se trata de vacío. De qué hacer con él, de cómo usarlo, si para bien o para mal. Para descansar mi cabeza y este texto, leo un comic. Amo leer comics. De los de Marvel. Nada de comics complejos o cargados. Viñetas con superhéroes pelando contra supervillanos. Mi cabeza se relaja. Mis ojos reposan flotando en los diálogos. Ahora leo “Vengadores Oscuros”, la obra del genial Brian Michael Bendis. El superhéroe depresivo Sentry está postrado en sus sombras en la torre de los Vengadores. Su enemigo se llama El Vacío, su otra parte más oscura, un desprendimiento de su ser, su enemigo interior y a la vez exterior, un ser que está hecho de sombras. Y Sentry dice: “El vacío está dentro de mí. Me vigila. Ahora nos está vigilando. Cualquier cosa que haga, cualquier cosa, él hace otra para equilibrarla. Si impido que un avión se estrelle, él hunde un barco. Si salvo al mundo, él lo pone en peligro”.

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Dejo el ocio otra vez. Para llenar el vacío que queda de página, qué mejor que hablar con alguien que maneja y trabaja con el mismo, José Ioskin, psicoanalista y escritor. Lo veo y esta vez me propone hacer diván. No me esperaba la propuesta. Pero le digo que sí. Miro a mi propio vacío. Lo que siento es miedo que libera. Después le pido que me hable del ocio, del ocio y la creación. “Balzac, en su ensayo breve llamado ‘Tratado de la vida elegante’, coloca al artista en la cima de la estructura social, en tanto no produce algo útil, y puede dedicarse a no hacer nada. En todo caso, morder la punta de un bastón, anudarse la corbata o hacer una obra de arte implican salirse de la esclavitud productiva de la que participan desde el humilde obrero hasta el empresario, el banquero, el militar, etc. Fueron los dandis quienes mejor interpretaron la desdicha del capitalismo y le opusieron la resistencia de lo inútil, tachonada de singularidad, excentricidad y despilfarro. Mucho más lejos, pero siempre de manera ordenada, la Roma antigua distinguía el otium – ocio – del negotium – negocio. Este último era el tiempo dedicado al servicio público. El ocio estaba destinado a las actividades sociales o recreativas, pero también ocuparse del arte y de la ciencia. Sin ese ocio no tendríamos hoy ni filosofía, ni matemáticas, ni poesía. Para un psicoanalista la cuestión del uso del tiempo – sea libre, ocioso o laboral – se reduce a la pregunta por el deseo. En pocas palabras, si no se está orientado en su deseo, todo uso del tiempo irá a pérdida, se malgastará en alienaciones varias. En definitiva, es la condena al ensayo y error. Quizás sea por eso que el mandato más imposible de cumplir sea aquel de ‘sé feliz’, porque no sabemos cómo hacerlo salvo en cuentagotas. ‘Ocúpate de tu deseo’ sería la máxima psicoanalítica, y en esto cada cual avanza como puede. En este sentido no habría tiempo libre, sino tiempo conquistado”.

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Mi tiempo conquistado es la nada. A veces siento que tengo demasiado tiempo libre. Que todo lo tomo como disfrute, como juego: escribir esta nota sería mi tiempo de ocio. Estoy disfrutando escribir. El sonido del teclado me produce placer. Esto no es trabajo. Esto es libertad. Estoy olvidándome de todo, dejando fluir las cosas, para que vengan otras. De todas formas, creación, es en sí, para mí, un concepto de invisibilidad, de vacío.

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Miles de bocinas a mis espaldas. El semáforo en verde. El segundero cuenta. ¿Qué hice en esos segundos de vacío? Imaginé una nota, esta misma nota.

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