Hace más de treinta años, un artículo publicado en este diario reflejaba la crítica situación que atravesaban los pobladores de la isla Paulino. Esencialmente, a raíz de que muchas de sus viviendas, comercios y hasta una escuela se encontraban frente al dramático trance planteado por una implacable erosión de sus costas debido al constante embate de las aguas del canal.
Ahora, una nota recientemente publicada en este diario reproduce ese mismo panorama. El de la isla acosada por la amenaza implacable de las olas que siguen erosionando sus costas, en un fenómeno que en los últimos años se ve agravado por el paso de barcos de barcos de gran porte, con un oleaje que carcome la ribera del enclave insular berissense, en tanto que sus habitantes –al igual que hace muchas décadas- reclaman con urgencia el inicio de obras de contención prometidas pero nunca concretadas.
Situada en el canal que conecta al Puerto con el Río de la Plata, la isla Paulino tiene una superficie cercana a los 20 kilómetros cuadrados. Paradójicamente, el canal que hace 130 años le dio origen, al separarla del continente, hoy se está cobrando parte de su territorio. Los isleños aseguran que a la erosión natural de más de un siglo de tormentas, sudestadas, dragado y tráfico naviero se sumó en los últimos tiempos, como una suerte de golpe de gracia a la línea costera, el paso de buques de calado inusual al influjo de la nueva Terminal de Contenedores.
Los pobladores afirmaron que ya se desmoronaron varias viviendas, mientras que otros edificios –comercios o casas particulares- se encuentran a un paso del derrumbe, ante el avance cotidiano de las aguas. El reclamo es el de siempre: la construcción de una defensa costera eficaz para defender una isla que es considerada un santuario de vida natural, un recurso turístico de primer orden y un lugar apto para distintos tipos de producciones. Dijeron que en numerosas oportunidades se les prometió el tendido de un “tablestacado”, tal como se denominan las defensas conformadas con piezas que se clavan en el terreno, unas junto a las otras, formando cercos o muros.
Los lugareños advierten que ya se han perdido muchos metros de costa y que varias viviendas que fueron construidas en tierra firme y en su momento prudentemente alejadas de la costa del río, se encuentran a poca distancia del canal y tienen comprometida su seguridad. Otras, como se ha dicho, fueron ya desmoronadas por el avance del río.
Sería, entonces, imperioso que las distintas autoridades responsables reaccionen ante un verdadero proceso de abandono al que se ven sometidas estas islas ubicadas a pocos kilómetros de los centros gubernamentales y que forman parte, a poco que se las preserve, del mejor patrimonio regional.
Los planteos que habitualmente formulan los pobladores han sido siempre medidos y fundamentados, sin que aparezcan como imposibles de cumplir desde una óptica presupuestaria. En cuanto a la erosión de las costas, ya se ha señalado aquí que son muy conocidos en el mundo los avances técnicos alcanzados, como para no intentar algún procedimiento que detenga esa acción.
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