El sábado por la tarde, un par de motochorros irrumpieron en un negocio que funciona enfrente del hospital Español. Lo hicieron, aparentemente, con un arma que llevaban escondida. Un solo minuto les bastó para llevarse la plata de la recaudación.
Aproximadamente a las 16.30 fue cuando los delincuentes frenaron en la esquina de 9 y 35. Uno fue el primero en encarar a las dos empleadas de una panadería. Para amedrentarlas, hacía el ademán de tener una pistola oculta bajo su campera. Desde luego, ninguna de las dos quiso saber si era verdad o no.
Uno de los delincuentes cruzó el mostrador hacia el lugar donde trabaja el personal y “sabía en dónde había plata y conocía todo”, según reconoció una de las jóvenes que asaltaron. Lo que les jugó en contra fue que a esa hora del sábado todos los negocios aledaños estaban cerrados.
No había clientes al momento del robo. Los ladrones, entonces, se dedicaron a vaciar la registradora una vez que las empleadas le permitieron, siempre bajo amenaza, revisar la caja.
Antes de irse pretendieron también llevarse los celulares de las víctimas. Al final, salieron a la calle con la recaudación y se perdieron a bordo de la moto.
Por el momento, no hay detenidos vinculados a este caso.
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