Con sus 85 años, Elena Liberotti vuelve a rodearse de muñecas, de distintas formas y tamaños; sin embargo, no lo hace para jugar como cuando era una niña, ni para engrosar una colección, sino para enviarlas a humildes poblaciones de la Argentina profunda. Ella misma es la hacedora de esos juguetes y, quien la ayuda, es su hija Emilce Ferretti.
“Nos contactamos con gente de Ensenada que lleva ayuda a escuelas de Santiago del Estero y a Misiones, ya entregamos poco más de 140 muñecas”, cuenta Emilce.
El proyecto solidario nació de la idea de emplear el tiempo libre, un poco más libre desde que la hija y los nietos crecieron, en algo que resultara entretenido y a su vez fuera útil. En las escuelas rurales se entregan alimentos, medicamentos, ropa, calzado y juguetes, porque el aspecto lúdico también es una necesidad de los niños.
Entonces a Elena se le ocurrió retomar una actividad que ya había realizado muchos años atrás cuando la confección de muñecas servía para aportar algún dinero a la economía familiar.
“Mamá se aburría y un día decidió hacer muñecos con retazos de tela, siempre le gustaron las manualidades”, resume Emilce, quien en los últimos meses se convirtió en una consecuente ayudante de su madre.
Según contó su hija, cada día Elena hace los quehaceres domésticos y luego se dedica a hacer los círculos de tela que le dan forma a los muñecos. Si alguien le menciona que vuelva a hacer esas manualidades para vender, asegura que ahora ya no necesita ese dinero y que lo mejor es hacerlos para regalar.
El acopio de materiales no fue un asunto menor, por eso madre e hija se pusieron a lavar telas guardadas desde la época en la que Emilce se dedicaba a coser para afuera y que en su casa de Tolosa habían quedado bajo el agua durante la inundación de 2013.
“El año pasado hicimos 70 muñecos, mamá se encarga del cuerpo y yo les hago la cabeza con medias, les pinto la boca, los ojos y les pongo el pelo, quedan muy lindas”, resume la hija con satisfacción.
La experiencia fue tan positiva que la empresa continuó este año con el mismo entusiasmo. También se sumó como “reparador de juguetes viejos”, Abel Alvarez, esposo de Emilce.
En el envío van triciclos puestos a nuevo, pequeños camiones que pueden correr en patios de tierra y, como es de imaginar, 72 bellas muñecas, más alguna graciosa tortuga hecha con botones y rezagos. El grupo que lleva las donaciones viaja en unos días, esta vez se proponen festejar los cumpleaños de los nenes y que cada uno tenga su regalo.
“Mamá está re contenta porque vio las fotos de los chicos felices y ya se está preguntando qué hace ahora”, cuenta Emilce, quien no duda en aconsejarle que haga más porque siempre habrá un niño esperando un juguete.
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