Los alrededores de Plaza Moreno se habían convertido ayer -otra vez- en un laberinto sin salida. Una protesta frente a la Municipalidad derivó en cortes de tránsito que, en hora pico, provocaron uno de los colapsos habituales en el tránsito. Nada nuevo. Pero de golpe, la lluvia despejó las calles y en pocos minutos se pudo circular. El clima, esta vez, hizo lo que no puede hacer el Estado: garantizar el libre tránsito en el espacio público.
La crónica de los últimos días refleja una situación muy traumática en La Plata. El centro de la Ciudad vive cortado por piquetes. Cuando no es en 7 y 55, es en Plaza Moreno. Cuando no es en Plaza Moreno es en 7 y 50. Cuando no, frente a la Gobernación o en varios puntos a la vez. Los cortes de la UOCRA en 4 y 44 son, como se sabe, crónicos y permanentes. Ya ni siquiera son noticia. Anteanoche, hasta la ruta 36 estaba “piqueteada” por una protesta de productores.
Frente a esta situación se ha abierto un debate sobre la supuesta aplicación de un protocolo antipiquetes que, posiblemente, termine en la nada. Lo que se ve es que cualquiera puede apropiarse de una calle y que, tanto la Policía como los inspectores municipales, lo primero que hacen es multiplicar y reforzar los cortes, garantizando el “piqueterismo” y pisoteando el derecho a la libre circulación.
Por lo que se vio ayer, la única solución para que se cumplan las normas y se respeten los derechos constitucionales, parece depender del tiempo. Más concretamente, de la lluvia.
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