AURORA RAVINA
Doctoranda en derecho con orientación en Historia de las instituciones). Universidad de Cuyo
“No obstante las críticas y las resistencias de muchos, la concreción de la reforma, no solo electoral, sino política de 1912 fue una respuesta valiosa y eficiente para enfrentar los desafíos de su época. Si la revolución de Mayo había implicado el cambio del principio de legitimidad radicándolo en la soberanía popular, y había abierto la brecha para lograr la independencia formalmente declarada unos años después -así lo entendía Saenz Peña- un siglo más tarde su reforma política era la herencia que dejaban al país, la tenacidad y la firmeza de las convicciones y la acción de ese presidente, y el apoyo de quienes lo acompañaron en una empresa que apuntaba a enderezar el rumbo de la Nación por una senda que consolidara a la República sobre los cimientos de una democracia gobernante”.
ROGELIO ALANIZ
Profesor de historia, periodista
“La ley 8.871 fue sancionada el 10 de febrero de 1912. Se la conoce como “Ley Sáenz Peña” en homenaje al presidente que tomó la decisión política de promoverla. Para algunos historiadores fue la ley más importante del siglo veinte. La afirmación es controvertida, pero sin duda que en la Argentina hay un antes y un después de la ley Sáenz Peña. ¿En qué reside su importancia? Amplió la participación política, puso punto final o limitó el fraude, incorporó al sistema a los nuevos partidos nacidos al calor de las transformaciones sociales y económicas de la primera década del siglo pasado. Si con la Constitución de 1853 se plasmaron los derechos civiles, la ley Sáenz Peña incorporó al cuerpo social los derechos políticos, es decir que a los derechos personales de los habitantes se sumaron los derechos políticos de los ciudadanos. La hipótesis alberdiana de transitar de la república posible a la república verdadera se hizo realidad en 1912”.
DARIO ROLDAN
Historiador (UBA) Master en Ciencias Sociales (FLACSO) y Docteur en Études Politiques pour l’Ecole des Hautes Études en Sciences Sociales
“El tiempo de reemplazar la República posible por la República verdadera, anunciado por Alberdi, parecía haber llegado. Así, en torno del Centenario se buscó enlazar un conjunto de instituciones políticas inspiradas en la tradición liberal -y plasmadas en la Constitución de 1853- con la ampliación del sufragio que implicó la ley Sáenz Peña en el marco de un proceso conducido por una élite cuya inspiraciónideológica y cuyas prácticas políticas pertenecían moderadamente a aquella tradición y cuyos beneficiarios coyunturales expresaron la adhesión a una tradición democrática inspirada en una concepción unanimista del pueblo”.
ENRIQUE GARGUIN
Docente e Investigador de Historia de la Universidad Nacional de La Plata
“La puesta en práctica de la Ley Sáenz Peña tuvo un profundo sentido disruptor de la política. Produjo un cambio fundamental en las reglas del juego político. Las elecciones, que habían sido prácticamente una ficción en términos de representación, se convirtieron en un efectivo campo de lucha en el cual las fuerzas conservadoras, antaño detentadoras monopólicas de los cargos electivos, fueron perdiendo predicamento a manos de los partidos políticos que lograron interpretar mejor el sentir popular, como la UCR, el PS y el PDP. La ley tuvo también sus limitaciones. No contempló la representación proporcional y excluyó a las mujeres, los extranjeros y los habitantes de los territorios nacionales. Así, la representación de los distintos grupos sociales se vio muy distorsionada”.
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