Otro asalto salvaje por parte de “polichorros” reinstaló el miedo por esta modalidad en la Ciudad. Al caso registrado el sábado en 55 entre 28 y 29 se le sumó otro que sucedió el domingo en 21 entre 75 y 76, que trascendió en las últimas horas. Aún se intenta determinar si ambos fueron obra de la misma banda.
En el más reciente de los asaltos, fueron cuatro delincuentes los que irrumpieron, primero forzando con una barreta la reja del frente, y luego tirando abajo una puerta con un ariete “parecido al que se usa en los allanamientos de la policía”, según surgió de fuentes del caso. Los otros vestían ropa deportiva. Todos estaban encapuchados.
Un nene jugando con muñequitos en el living fue el primero en quedar cara a cara con los intrusos. Al menos uno “llevaba chaleco y gorra” de la fuerza, de acuerdo a lo que alcanzó a ver Atilio Marcucci (51), dueño de ese domicilio, que el domingo a las 21 estaba reunido con una pareja amiga. En total las víctimas fueron cuatro adultos y cuatro menores.
“¡Policía! ¡Todos al piso!”, bramó uno de los delincuentes para confundirlos. A la sorpresa le siguió el espanto: “Me pegaron un culatazo y me tiraron al piso. Después preguntaron quién era el dueño de la casa. Me siguieron pegando patadas y con el arma, para que les dijera en dónde tenía plata”, fue el relato de Atilio, en diálogo con EL DIA.
El hombre intentó apaciguar la violencia desbocada, porque sus dos hijos y los otros dos de sus invitados veían toda la escena. A su mujer también la abordaron y quisieron atarle las manos con precintos. “Yo tenía a mi nene y para que lo soltara lo encañonaron a él en la cabeza”, contó ella. El niño es el mismo de 5 años que jugaba en el salón.
Al final, los ladrones sujetaron a todos con precintos y los llevaron a un baño. Menos a Atilio, que siguió sufriendo golpes por todo el cuerpo, mientras le preguntaban en dónde había plata.
Tanto castigo sirvió para que la víctima revelara el escondite de los ahorros. Además de quitarle dinero, sustrajeron celulares, perfumes, relojes, un arma y las cadenitas y los anillos de las mujeres. También destruyeron la instalación telefónica.
En un horario muy similar, pero el día anterior, un matrimonio de 55 entre 28 y 29 la pasó muy mal por otro robo idéntico, que incluyó golpes, amenazas y precintos, tal como informó este diario el domingo.
El panorama fue igual de aterrador para las dos familias reunidas en Altos de San Lorenzo. La presunción policial es que se trataría de la misma banda.
Al borde del llanto, Atilio se mostró más tocado por la situación por la que atraviesa ahora su familia: “Mis hijos no quieren vivir más acá”.
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