Cristina Kirchner cerró su transitoria estadía en Buenos Aires con una cuenta negativa: sólo 22 de los 42 senadores nacionales del FpV acudieron a reunirse con ella. La ex presidenta intentó que su reaparición en la escena política la ungiera como jefa de la oposición, pero ni siquiera pudo consolidar el liderazgo en su propia fuerza, que aún busca digerir la derrota electoral.
La ex mandataria intuyó esta situación cuando pergeñó, en su reclusión patagónica, la idea del “frente ciudadano”, como un espacio superador no sólo del Frente para la Victoria sino sobre todo del PJ, tras la escisión del bloque de diputados y lo que en los hechos sucede en el Senado: la conducción la ejerce Miguel Angel Pichetto, quien ayer se quedó en Río Negro.
La debilidad política de Cristina Kirchner no es, sin embargo, un padecimiento que sólo la afecte a ella dentro del arco opositor. De hecho, ningún dirigente puede considerarse en la actualidad como un referente que aglutine consensos detrás de su figura, aunque empieza a registrarse un fenómeno incipiente de “coalición antipresidencial” en el Congreso nacional.
Esa rareza política, cuya denominación puede entenderse con claridad si se mira lo que está sucediendo en Brasil, se expresa por el momento en la disputa que se registra entre el gobierno y los bloques parlamentarios opositores que impulsan proyectos para frenar los despidos. Las iniciativas pueden prosperar, porque esas bancadas reúnen a la mayoría.
Pero la negativa de la alianza gubernamental Cambiemos a apoyar los proyectos anti-despidos puede derivar en un veto presidencial en caso de que los opositores logren sancionarlos en el Congreso. En el medio se impone la presión sindical, que se manifestará el 29 de abril con una marcha convocada por las tres CGT y las dos CTA para conmemorar el Día del Trabajador.
En ese contexto, referentes como Cristina Kirchner, Sergio Massa, Juan Manuel Urtubey, José Luis Gioja y Miguel Pichetto, entre otros, deben asumir que sólo tendrán una porción de poder y no la torta completa de la oposición. Ese esquema se mantendrá por lo menos hasta las elecciones legislativas de 2017, que podrían consagrar un liderazgo que desafíe al oficialismo.
Por ahora, la oposición se encuentra en plena metamorfosis desde la fragmentación hacia una alianza inestable en el ámbito parlamentario.
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