Luego de que el papa Francisco delegara bajo su exclusiva responsabilidad en obispos y confesores la posibilidad de que las parejas divorciadas puedan volver a recibir la comunión sigue generando polémica en la Curia romana y, en especial, en los sectores más conservadores. Como se recordará luego del Sínodo que concluyó en octubre pasado, Francisco decidió dar un paso adelante en temas controvertidos, como ser la cuestión de si a los católicos divorciados y vueltos a casar por el civil se les puede devolver los sacramentos,
RESISTENCIA
La resistencia por parte de los sectores ortodoxos que sólo se aferran a la letra muerta de la doctrina tradicional se mantiene inalterable y cuenta con algunas personalidades de peso en la Curia.
Los últimos documentos de Francisco reflejan los equilibrios internos de la Iglesia que necesita mantener el papa argentino y algunos frenos que debió aceptar ante algunas iniciativas.
Estos frenos provocaron ambigüedades, que no dejan en claro en forma explícita la autorización de la comunión a los divorciados vueltos a casar. Otros temas también espinosos como la cuestión de las parejas de homosexuales y del rol de la mujer en la Iglesia, tampoco tuvieron una definición contundente.
Según crecientes versiones, Francisco está enfrascado en roces continuos con el guardián de la ortodoxia, el prefecto para la Doctrina de la Fe, cardenal Gerhard Mueller, quien llegó a decir que la preparación teológica de Bergoglio era insuficiente y era necesario ayudarlo. Enfatiza como los otros cardenales de la Curia que “el matrimonio es indisoluble por voluntad divina y nadie, ni un Papa, puede cambiar esta doctrina”. Lo cierto es que la postura de Francisco tiene algunos apoyos contundentes, como por ejemplo de la Iglesia de Filipinas, que señaló en un documento que “obispos y sacerdotes deben abrir los brazos a los que quedaron fuera de la Iglesia.
En cambio también tienen notoria fuerza sectores con creciente poder, como ser la del cardenal Robert Sarah, de Guinea, quien defendió mantener inalterable la doctrina. La importancia de Sarah es que representa a un continente donde el catolicismo más crece.
En esa misma línea se inscribe el cardenal Marc Ouellet, titular del estratégico dicasterio encargado de nombrar y controlar a los obispos. Ouellet fue papable cuando se eligió a Jorge Bergoglio. Ya amenazó al menos una vez con renunciar porque sostiene que el papa argentino le cambia continuamente las ternas de candidatos a obispos. Lo mismo sostiene un cuarto poderoso cardenal, el arzobispo de Sydney, Australia, George Pell, a cargo de toda el área económica y financiera. Su estrategia es considerada un fracaso por algunos colaboradores del Papa.
Pell no solo se había opuesto a cualquier cambio con los divorciados vueltos a casar sino que también promovió una carta de 13 cardenales contra el Papa poco antes que comenzara el segundo Sínodo de la Familia, en octubre de 2015. Aquella maniobra fracasó cuando la mayoría de los firmantes, negaron haber suscripto el mensaje. Todo esto hace que muchos expertos en el Vaticano señalan que nunca en los últimos 50 años un Papa tuvo tanta resistencia como Francisco
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