Murieron hace cuatrocientos años, pero siguen vivos en la memoria de las generaciones. Son Cervantes y Shakespeare, dos de los más luminosos faros de la literatura universal. El inglés buceó como nadie más lo hizo en la condición humana. El español creó la novela contemporánea. En estas horas se está rindiendo homenaje al autor del Quijote en la Feria del Libro que se inició en la Ciudad de Buenos Aires, pero no hay país en el mundo, por remoto que sea y por exótica que pueda ser su cultura, en donde no sigan marcando rumbos los modelos creados por estos autores.
Ya habrá sucedido en la Feria porteña la mesa redonda en la que participarían, entre otros, el traductor y escritor argentino Carlos Gamerro y la profesora especialista en el Siglo de Oro, Karina Galperín. “Sí Shakespeare es el dramaturgo más leído, visto y adaptado en todo el mundo, “Don Quijote de la Mancha” creó el género novela, que es el género literario dominante, más leído y practicado. Ambos se han convertido no sólo en los poetas nacionales de Inglaterra y España, respectivamente, sino en los poetas emblemáticos de sus respectivas lenguas”, dijo Gamerro hace pocos días.
La figura de Gamerro cobra importancia porque acaba de escribir un libro –”Cardenio”- , basándose en una historia casi maravillosa que cuenta el enlace entre un personaje secundario del Quijote de Cervantes, que sirvió para inspirar una obra teatral que escribieron en 1613, en colaboración, John Fletcher y William Shakespeare. Obra que estuvo perdida por muchos años hasta que se halló el manuscrito en 2007. Según explica la crítica Silvia Hopenhayn, la novela de Gamerro “es una propuesta tan remota como oportuna, misteriosa e imaginativa; un enlace genial entre Shakespeare y Cervantes, a partir de una leyenda, la obra perdida de Shakespeare, que a su vez es un desprendimiento de la obra de Cervantes”.
El trágico Hamlet con su calavarera y el Caballero andante, con su lanza deslucida sobre un caballo famélico, acompañado por un escudero gordo y rústico, siguen interpretando a todos, haciendo pensar a la humanidad. En la frontera de los sueños y de la demencia, sometidos a todas las intemperies de la existencia.
MODELOS ETERNOS
En el caso de Cervantes puede decirse que un hombre pobre de solemnidad como lo fue él, que estuvo encarcelado por deudas, construyó un libro inmortal. Así describe la vida y el legado cervantinos el periodista Alberto Amato: “Colocó a su Quijote enloquecido al lado de los mares de la Ilíada, de las batallas de la Odisea y de los círculos de la Divina Comedia; fue aventurero, esclavo, condenado, desdichado y héroe de guerra; cargó con una familia calamitosa y desventurada y con la dudosa profesión de ser Comisario Real de Cereales y Aceites de su muy graciosa majestad don Felipe II; y murió pobre y casi solo, sin saber que cuatro siglos después todavía reverenciamos su obra, su vida, sus decires, sus cantares y, al igual que su Quijote infinito, navegamos los mares terrosos de nuestras propias llanuras manchegas, a la grupa de lo que podamos y sin poder ya batallar”.
Hace algunos años, el escritor ruso Vladimir Nabókov ofreció esta síntesis: “Debemos imaginarnos a don Quijote y su escudero como dos siluetas pequeñas que van caminando allí a lo lejos, sobre un fondo de dilatado crepúsculo encendido, y cuyas negras sombras, enormes, y una de ellas especialmente flaca, se extienden sobre el campo abierto de los siglos y llegan hasta nosotros”.
Sobre la vigencia del Quijote en Rusia dice Irina Gúseva: “El ingenioso hidalgo don Quijote es conocido por cualquier ciudadano ruso desde la infancia. La inmortal obra de Cervantes forma parte del programa de literatura europea dedicado a los estudiantes de doce y trece años. Sólo algunos vuelven, avanzada la edad, a la lectura de la genial creación de Cervantes, pero a todos nos acompañan pasajes, réplicas, personajes y citas no sólo en boca de especialistas, sino también en la de personalidades públicas de toda índole: políticos, artistas, críticos literarios, escritores ... “
En todas partes vive este a quien llamaron “Príncipe de los Ingenios”. La gloria, pero también la fama, acompañan al manchego. La cadena de tiendas más llamativa de Tokio se llama “Don Quijote”. La nombran como “Donki” y tiene 123 puestos de venta en todo Japón y uno en Hawaii.
En cuanto al libro, correspondería primero reseñar que el Quijote fue traducido a decenas de idiomas. A tantos que existen traducciones a lenguas tan diversas –algunas decididamente folklóricas- como el asturiano, el euskera, el japonés, el croata, el esperanto, el guaraní o el quechua. Los chinos tuvieron también varias traducciones. En 1922 apareció el primer Quijote traducido del español al mandarín. Ese libro se llamó “Moxiazhuan, Biografía del Caballero Loco”, publicada en Shangai y, según se asegura, los traductores se habrían tomado excesivas y hasta traidoras libertades.
En la España de inicios del siglo XX son dos autores sobresalientes los que recalan en la Mancha y se van a pasear con Don Quijote y Sancho Panza. Uno de ellos fue Azorin que en 1905 hizo una recorrida periodística –como enviado del diario El Imparcial- por los 2.500 kilómetros de la ruta de Don Quijote, que enhebra en varias regiones de España, sobre todo en Castilla y Andalucía, más de treinta ciudades. Azorín, con su estilo indeleble, volvió intemporal ese camino que hoy forma parte de la oferta turística peninsular. Hay un café en Sevilla con una mesa siempre vacía y un cartel que avisa: “Aquí merendó Don Miguel de Cervantes”.
El otro, Miguel de Unamuno, el más quijotesco de todos los escritores de la tierra, escribió su “Vida de Don Quijote y Sancho”, en el que, como dijeron muchos críticos, el autor no pretendió interpretar el sentido que Cervantes le dio a muchas de sus cosas, sino que Unamuno se interesó más por decir lo que sentía él mismo. Quiso ser como una nueva novela, pero fue más una biografía unamuniana.
En la Argentina fue el infaltable Borges el que tejió memorables cuentos y poemas sobre el hombre de la Mancha. En el poema titulado “Sueña Alonso Quijano”, escribió así: “El hombre se despierta de un incierto/ sueño de alfanjes y de campo llano/ se toca la barba con la mano/ se pregunta si está herido o muerto./ ¿No lo perseguirán los hechiceros/ que han jurado su mal bajo la luna?/ Nada. Apenas el frío. Apenas una/ dolencia de sus años postrimeros./ El hidalgo fue un sueño de Cervantes/ y don Quijote un sueño del hidalgo./ El doble sueño los confunde y algo/ está pasando que pasó mucho antes./ Quijano duerme y sueña. Una batalla:/los mares de Lepanto y la metralla”.
Orlando Nállim alude a la “la permanente admiración de Borges por Cervantes: desde que en la niñez leyó el Quijote hasta su muerte. Su cervantismo no se fundaba en la curiosidad por saber si su lengua se adecuaba a ciertos cánones filológicos, consuetudinarios o científicos. Le atraía más la lengua viva y auténtica del escritor que se había propuesto contar cosas y que lo hizo con maestría”.
OPINIONES CRUZADAS DEL QUIJOTE Y SANCHO
¿Qué pensaba Sancho Panza del Quijote? ¿Y qué el ingenioso hidalgo de su escudero? Acá van dos párrafos extraídos de la novela de Cervantes. En el primero, Sancho piensa de su señor: “No tiene nada de bellaco; antes tiene un alma como un cántaro: no sabe hacer mal a nadie, sino bien a todos, ni tiene malicia alguna; un niño le hará entender que es de noche en la mitad del día, y por esta sencillez le quiero como a las telas de mi corazón, y no me amaño a dejarle, por más disparates que haga”.
Y Quijote piensa de su escudero: “Tiene a veces unas simplicidades tan agudas, que el pensar si es simple o agudo causa no pequeño contento; tiene malicias que le condenan por bellaco, y descuidos que le confirman por bobo; duda de todo y créelo todo; cuando pienso que se va a despeñar de tonto, sale con unas discreciones que le levantan al cielo. Finalmente yo no le trocaría con otro escudero, aunque me diesen de añadidura una ciudad”.
LA PLATA Y AZUL
Los platenses no estuvieron ni están ajenos al Quijote. La Biblioteca de la Universidad Nacional, la de plaza Rocha, “guarda tesoros imperdibles”, tal como lo dice una crónica de EL DIA en su edición del 30 de marzo de 2014. Entre ellos, agrega, “los 654 volúmenes de la Colección Cervantina, correspondientes a ediciones en distintos idiomas y de gran valor bibliófilo y literario de la obra de Miguel de Cervantes Saavedra. Hay perlas históricas, como la edición ilustrada del “Quijote” del año 1662, la valenciana de 1608 y “Vida y hechos del ingenioso cavallero don Quixote de la Mancha”, de 1662”. Se trata de un conjunto de gran valor bibliográfico.
Por su parte, la bonaerense Azul fue declarada “ciudad Cervantina” en 2007 por decisión del Centro Unesco Castilla-La Mancha. La distinción tomó en cuenta que la llamada Casa Ronco –una biblioteca de excelencia- contiene unos seis mil volúmenes e importantes colecciones. La información consigna que entre los tesoros más destacados se encuentra una colección cervantina y otra hernandiana, ambas reconocidas por su valor cultural y testimonial.
En 2004 se realizó en Azul la llamada Exposición Cervantes: de la Mancha...a la Pampa”. En esa ocasión y en esa llanura sin fin se habrán hermanado cuatro personas que están exentas del olvido: Don Quijote, Martín Fierro, Cervantes y José Hernández. Sin saber, cada una de ellas, cuál fue más real que la otra.
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