“Cuando en 2006 comenzamos a impulsar las primeras restituciones de restos aborígenes que formaban parte de las colecciones del Museo nos encontramos con una enorme resistencia. Muchos antropólogos sentían por entonces que dar ese paso significaba despojarse de objetos de estudio que habían sido patrimonio del Museo durante décadas. Con el paso de los años algunos de ellos comenzaron sin embargo a hacer el proceso de deconstrucción y a comprender que no se trata de objetos patrimoniales sino restos de personas con una identidad. Ese paso, que algunos les ha tomado más tiempo, es muy importante para las comunidades aborígenes pero también para el Museo. Al dejar de lado las diferencias históricas y avanzar en los puntos en común, en este caso el reconocimiento de que los pueblos originarios también son sujetos de derecho, la ciencia gana desde lo ético”.
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