Acuñado en los años ´60, el concepto “droga de diseño” hace referencia a un grupo heterogéneo de sustancias que tiene como característica común que se trata de compuestos estimulantes del sistema nervioso central, elaborados en laboratorios clandestinos, sin ningún control sanitario, según indica la toxicóloga platense Ana Girardelli.
Gran parte de estas sustancias, agrega, fueron sintetizadas por la industria farmacéutica con fines terapéuticos y luego desechadas por falta de eficacia o por sus efectos secundarios.
En ocasiones se trata de compuestos obtenidos por pequeñas modificaciones de otros previos con el fin de conseguir cambios en sus efectos o de poder incluirlas sin temor en el mercado ilegal, al no encontrarse en las listas de sustancias prohibidas en los convenios internacionales
el desconocimiento, un factor clave
Para Girardelli, el mayor riesgo de estas drogas se relaciona con el desconocimiento sobre la sustancia que se está consumiendo, las dosis que se administran y la variabilidad de la respuesta individual.
“Aunque el consumidor tiende a asociar los diferentes colores e inscripciones con distintas sustancias, esto no siempre coincide, como tampoco lo hace la dosis que contienen, que puede variar en gran cantidad de una pastilla a otra”, indica la profesional
Estas drogas, según Girardelli, “son cada vez más utilizadas en busca de mejorar la interrelación personal, la empatía, el aumento de la propia sensibilidad o de la autopercepción, la sensación positiva, la sensualidad o la euforia”.
Esta condición se acompaña de alteraciones perceptivas, sequedad bucal, sudoración, temblor, palpitaciones, taquicardia y hormigueos.
El aumento de las dosis no se relaciona con una mejora en los efectos buscados, pero si con un incremento de los riesgos de sufrir trastornos orgánicos como hipertensión arterial, arritmias cardíacas, deshidratación o insuficiencia renal, entre otros,
Los riesgos aumentan para pacientes con cardiopatías previas, o por la asociación con otra sustancias, como las correspondientes a tratamientos farmacológicos o el alcohol, pudiendo verse afectado el sistema neurológico, hepático o cardíaco.
Hasta hoy no hay suficientes estudios sobre los efectos a largo plazo, pero algunos de los que están en estudio son la probable alteración de la memoria visual y verbal, los síntomas depresivos severos, las alteración de las funciones ejecutivas, el procesamiento de la información o el razonamiento lógico y la alteración en el control de impulsos.
SUSCRIBITE a esta promo especial