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Poco adentro, nada afuera

Por Redacción

   Un clásico ochentoso, de tiempos de Garisto. En un fútbol argentino con creciente miedo a perder (antes se casseteaba con la frase "los clásicos no se juegan, se ganan" trocada ahora en "los clásicos no se pierden") Gimnasia lo buscó desde el orden y la enjundia. No pudo desde el juego y el desequilibrio.
     Gustavo Alfaro quedó más que conforme: lo ensayado a puertas cerradas, en la cancha ubicada al lado de la pileta de Estancia Chica, se hizo perfecto. Un equipo con las líneas pegaditas, sin espacio para que Gastón Fernández lastime a las espalda de los volantes triperos, tratando de cuidar la pelota para no regalarse en una contra y con una sorpresa táctica: Meza enganche, para que no jueguen Damonte-Ascacibar (lo logró) y para tratar de jugar (quedó en deuda). En ese contexto -que permite todas las lecturas posible que van de "inteligente" a "pijotero", la enorme jerarquía de Mariano Andújar privó a Gimnasia de la victoria. Voló para sacar el disparo de Fabián Rinaudo -lejos el mejor de Gimnasia- y respondió con una pierna para sacarle el gol a Niell. Más allá de los cuestionamientos a las formas o al estilo, que el arquero de Estudiantes haya sido la figura del partido explica los merecimientos. Y al mismo tiempo, como este equipo aún no brinda garantías, pudo haberlo perdido si Viatri le acertaba al arco.
     Los jugadores y Alfaro se están conociendo. "Ustedes me están midiendo a mí y yo a ustedes" contó el propio DT acerca de una charla con algunos jugadores en la previa del clásico. Prueba. Busca. Cambia. Lejos de aquel período casi eterno de diagnóstico de Pacho Maturana. Ojalá sea sin errores: los cambios drásticos nunca han traído buenas noticias en Gimnasia.
     Párrafo aparte para el "afuera". No pasó nada. Y hay que resaltarlo, porque muchos pintaron el escenario nocturno del clásico en el Bosque como una celada, una potencial carnicería. Se jugó un partido de dientes apretados y tensiones. Nada más. Las canchas no son ni buenas ni malas; esas son las personas. Y Gimnasia, como todo el fútbol, debe tratar de sacar a los malos de las canchas y permitir que los buenos vayan de visitante, tiren papelitos, lleven banderas y demás. Todas las reservas a un clásico nosturno en el Bosque que se escucharon en los últimos días no tuvieron su símil en aquel nocturno por la Sudamnericana en 32 y 25. Y todo con algo más de 500 policías, no con un operativo multitudinario. Y si bien hay cosas que -sigo pensando- exceden el folklore, anoche fue un ejemplo positivo. Enhorabuena.

                                                                                                    Foto El Día
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