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Cristina Fernández de Kirchner reapareció en la escena política tras su decisión de recluirse en Santa Cruz. No se trata de un dato menor. La ex presidenta, más allá de que debió apurar la vuelta por la citación judicial del juez Bonadío, dejó al peronismo en un virtual estado deliberativo.
Cristina convocó a legisladores e intendentes, programó visitas y recibió a entidades afines a su proyecto político. Y logró, más allá de algunos faltazos sonoros, un poder de convocatoria que la erige en una figura central de cara a la discusión electoral del año que viene. De hecho, ya lanzó la idea de conformar un frente ciudadano para enfrentar al macrismo.
Sin embargo, el rápido paso de la ex presidenta y su reentré a la arena política dejó mucha tela para cortar. No todo es tan lineal como parece: Cristina conserva un fuerte liderazgo, pero hay sectores del peronismo que miran con recelo la persistencia de algunas actitudes del núcleo duro K con las que no comulgan.
Varios intendentes que fueron a la reunión que lideró quien gobernara el país por ocho años, lo hicieron convencidos. Otros, concurrieron a escuchar, a la expectativa. Algunos, como Mario Ishii o Alejandro Granados, pergaron un sonoro faltazo.
La geografía peronista ya no muestra una cara monolítica moldeada durante años por el kirchnerismo. Ahora hay núcleos de resistencia más o menos notorios. Es un cóctel en el que se mezclan, además, dirigentes que reconocen a Cristina pero que están hartos de La Cámpora.
Un ejemplo palpable de esa inquina es lo que sucedió en el bloque del Frente para la Victoria en la Cámara de Diputados bonaerense. Los tironeos venían desde hace meses, pero se suponía que la reaparición de la ex presidenta contribuiría a aplacar las aguas. Cuentan que los 13 diputados que se escindieron buscaron un acercamiento con el camporismo en los últimos días, en el marco de la vuelta al ruedo de Cristina.
MISION IMPOSIBLE
Volvieron las negociaciones y la esperanza de evitar la ruptura, hasta que algunos diputados se convencieron de que se trataba de una misión imposible. “Nosotros no podemos aceptar un presidente de bloque que votó el endeudamiento de Vidal”, disparó una de las legisladoras camporistas ante la propuesta de que Walter Abarca se transformara en el conductor de una bancada única. Ahí terminó todo. Y el bloque terminó estallando por los aires.
El ejemplo sirve para describir el grado de tensión que existe en el ex oficialismo.
Hay dirigentes bonaerenses que ya trabajan, sigilosos, en un armado alternativo al kirchnerismo. La ruptura del bloque de diputados no debería ser leída como una cuestión ajena a esa movida.
“Acá se terminó la escribanía”, dicen cerca de los 13 legisladores que se alejaron de La Cámpora. Hay quienes se animan a darle una traducción grosera y literal a esa frase y que tiene que ver con que, de ahora en más, los deseos de la ex presidenta no serán aceptados como órdenes sin chances de discusión.
Lentamente, en el peronismo provincial arrancó un proceso de rearmado político con base en lo territorial. Allí trabajan varios intendentes -muchos de ellos dialogan con la gobernadora María Eugenia Vidal para poder sostener sus gestiones-, como Martín Insaurralde (Lomas de Zamora), Gustavo Menéndez (Merlo), Gabriel Katopodis (San Martín), Juan Zabaleta (Hurlingham) y Bali Bucca (Bolívar), entre otros. También hay que anotar allí al ex ministro del Interior, Florencio Randazzo, y a Julián Domínguez, quien perdiera la interna del FpV por la Gobernación con Aníbal Fernández.
Estos grupos apuntan a “ser los protagonistas del próximo tiempo”, una definición conceptual que enmarca un objetivo central: tener en sus manos la definición de quiénes serán los candidatos bonaerenses el año que viene. En la jerga política, ser los dueños de la lapicera.
El escenario es provisional a más de un año de que se produzcan esas definiciones de nombres y espacios. Pero ya aparecen algunas señales.
De hecho, el kirchnerismo parece haber elegido al intendente de Avellaneda, Jorge Ferraresi, como su principal referencia territorial. Cerca suyo se mueven los Mussi (Patricio, el jefe comunal y Juan José, el diputado), el apellido fuerte de Berazategui. Obviamente, La Cámpora está inserta en ese esquema.
Ya hay voces que empujan una posible candidatura a senadora nacional de Cristina. El tiempo dirá si la ex presidenta jugará ese rol y si lo hará en territorio bonaerense.
Enfrente, el núcleo de intendentes con el que se referencia el nuevo bloque de Diputados podría terminar respaldando a Randazzo. El Flaco viene dialogando con varios de los alcaldes. ¿Hay posibilidades de que se produzca una interna de esas características en el peronismo? “Todo es posible”, responden cerca de los intendentes que aspiran a hacer valer su liderazgo en el próximo armado electoral.
Como una tercera pata emerge la conducción del PJ bonaerense liderada por Fernando Espinoza. en un delicado equilibrio entre el cristinismo y los “territoriales”.
INQUIETUDES OFICIALES
El gobierno de Vidal, en tanto, busca tejer con intendentes peronistas sus propios entendimientos. En ese combo se mezclan acuerdos de gobernabilidad, esperanzas de cierres políticos y un aspecto que se ha tornado clave en los últimos días: la evolución de la situación social que alcanza niveles inquietantes en algunos distritos.
La propia mandataria resolvió ponerse al frente de esas gestiones. Dos fotos que aparecieron en los últimos días generaron diversas especulaciones.
Una de ellas fue la que la mostró junto a la intendenta de La Matanza, Verónica Magario. Buscó limar asperezas pero, además, avanzar hacia un monitoreo conjunto que permita a ambas gestiones estar “atentas” a la posible aparición de protestas sociales en medio de un clima de creciente malestar ciudadano por el alza del costo de vida, el aumento de las tarifas y la consecuente erosión del poder adquisitivo.
La otra foto muy comentada fue junto al intendente de Ezeiza, Alejandro Granados. Fue horas después de que el “sheriff” despotricara duro y parejo contra el kirchnerismo. “No sólo perdimos la elección, también el caballo y la montura”, graficó como expresar el malestar que determinó su ausencia en la cumbre con Cristina.
En Cambiemos andan en la búsqueda de traerse algún alcalde peronista y Granados quedó en la mira. Pero nadie se fía. Hace algunas semanas se daba como hecha la incorporación de Ismael Passaglia (San Nicolás). Ayer Passaglia fue uno de los activos participantes del encuentro del PJ bonaerense. No sólo eso: se despachó sin filtros contra el macrismo.
(*) Periodista de la sección Política
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